He perdido la alegría. Llevo semanas con ese runrún en la cabeza. La otra Alicia bien lo sabe. Por momentos parece que se acalla, en otros, la mayoría últimamente, resuena con fuerzas, como un eco constante e inevitable en un paraje tan inhóspito como solitario y frío. Se levantan a mi paso taludes fríos, algunos de aristas puntiagudas que al roce sangran mis manos si busco agarre o aire para seguir.
martes, 14 de julio de 2026
La alegría
He perdido la alegría. Llevo semanas con ese runrún en la cabeza. La otra Alicia bien lo sabe. Por momentos parece que se acalla, en otros, la mayoría últimamente, resuena con fuerzas, como un eco constante e inevitable en un paraje tan inhóspito como solitario y frío. Se levantan a mi paso taludes fríos, algunos de aristas puntiagudas que al roce sangran mis manos si busco agarre o aire para seguir.
domingo, 14 de junio de 2026
Atrás
Ayer, Euforia, grande y vigorosa,
cabalga Angustias hoy por los desiertos
inertes,
baldíos,
extraños,
solos.
Carmen Alcázar: "EuforiAngustia" en Hacia lo etéreo.
Electrocardiograma. La vida no es más que nuestro electrocardiograma, con sus subidas y sus bajadas que van alterando nuestro mundo, incierto por supuesto. Este blog mismo da fe como un notario sin un euro en la cartera pero en su papel de corroborar cualquier "chorrada" sobre la que se me ocurra filosofar: si releyéramos cada uno de los post hasta el momento, se trata justo de eso, de la representación por escrito de la frecuencia cardiaca de quien escribe; unas veces más alterada y con picos fuertes y otros vuelcos, otras más aplatanada hasta los bajones intensos que parecen difíciles o imposibles de superar. Porque si hiciéramos un diagnóstico de mi electrocardiograma más actual, es claro y conciso: desde los picos más bajos y hundidos de febrero, -del peor momento de la vida, por el momento claro, como la coletilla pesimista pero real también- y desde luego el que mejor se ajusta al título del blog en eso de todo "patas arriba", he encontrado cierto remanso siguiendo el gráfico del latido, sin evitar que vaya subiendo el vagón a lo alto y esté a punto de encarar una nueva cuesta hacia abajo con más o menos freno.
Y claro, ahí en el borde de nuestro abismo, tenemos esa sensación de que- a pesar de lo avanzado, a pesar del trayecto recorrido y de nuestra lucha en cada tramo- bajamos; retrocedemos sobre nuestros pasos, vamos inevitablemente para atrás. Hablando con la otra Alicia hace unos días analizábamos esta sensación y cómo gestionarla. Porque es lícito sentirla, por supuesto. Es más si lo pensamos un poco, es lo lógico, si seguimos la imagen del electro del principio. Y os digo más, se hace hasta necesaria, pues también. Porque la vida, como el electrocardiograma que nos mantiene vivos y nos bombea la sangre por el cuerpo, no es constante, no es uniforme (y gracias, porque plano ya sabemos, no tendríamos mucha solución...); la vida va cambiando como hemos hablado, claro, va subiendo y va bajando, "la vida viene y va, y que no se detiene, y qué se yo" - que diría el del Corazón Partío. Y esto queridos míos, no se puede obviar; no podemos ir de ilusos y cegatos por la vida pensando en aquellos mundos de yupi en que todo es maravilloso, rosa y brillante en todo momento, y menos de "ea, ya pasó y ya no caigo más, ya no voy a ir para atrás". Lamentablemente os informo, queridos míos, que eso es imposible por más que se intente.
Hacia atrás ni para coger impulso. Esta frasecita típica tópica de los "valientes" no nos viene al caso, al menos al pie de la letra. Significa seguir adelante, sin vacilar ni arrepentirse jamás. Se usa para dejar claro que, una vez tomada una decisión o iniciado un proyecto, no existe la opción de rendirse ni de retroceder, ni siquiera para agarrar fuerza. Pero es que es inevitable ese vacile aunque sea mínimamente en un momento determinado por una circunstancia u otra o por los planetas que se alineen en un instante, ese dudar de hacia donde vamos y en un paso mínimo retroceder. Y la clave aquí está justo al final del dicho: coger impulso, la fuerza. Ahí está, lo positivo en la caída -que también lo tiene oye, como todo-: está en que en este trayecto cuesta abajo con más o menos freno y más o menos largo vayamos equipados de las herramientas necesarias para coger ese impulso lo más rápido y menos doloroso posible, para subir de nuevo, para seguir gestionando las piedras, para echar para afuera cuando no nos aporten, para deshacernos por la ventanilla aunque sea de las que nos pesen demasiado y sólo quedarnos con las que vayamos a necesitar en nuestra escala, sin sentirnos culpables ni tener miedo del camino que llevamos a cabo. Y justo aquí, viene dos "piedras angulares" que solemos llevar en los bolsillos en mayor o menor medida dependiendo del momento vital: el miedo y la culpa, las que realmente nos paralizan o nos ralentizan o nos echan, -¡bingo!- para atrás. Y claro, cómo, cómo combatirlas, como echarlas para afuera como decíamos antes por la ventanilla aunque sea... Pues, queridos míos, no queda otra (maldita frase esta que me persigue) que ante el miedo y la culpa -de soltar, de caer, de perder, de equivocarnos, etc.- tenemos que luchar de frente y con nuestros propios miedos y nuestra propia culpa en los bolsillos para lograr mantenerlos a raya eso sí poco a poco, a nuestro ritmo, en nuestras bajadas y subidas, en nuestras idas y venidas, para adelante y para atrás.
Así que, queridos míos, puede que sí, lo reconozco, - para qué, pues porque me da sencillamente la real gana- que en las últimas semanas me haya sentido andando a contrapie o dando pasos para atrás, pero sin embargo, ese para atrás del que hablo está "trabajado" y "asumido" como veis, sencillamente porque sí, porque sólo ha sido para tomar impulso y seguir bombeando. Y latiendo.
martes, 26 de mayo de 2026
Todo es una mentira
“Todos representantes seremos
de nuestras propias acciones
pues al fin la vida es eso
breve comedia en que somos
figuras de carne y hueso
apenas nos dan la entrada
y ya desaparecemos”.
El mago Lisipo en Comedia famosa. En esta vida todo es verdad y todo es mentira de Calderón de la Barca
Que la vida es sueño y los sueños sueños son, que escribía Calderón.
Que lo tuyo es puro teatro, decía la cantante cubana La Lupe.
Que la única verdad es que todo es mentira, cantaba Café Quijano.
Y así, todo es mentira. Me he quedado esta parte para titular este post y, no: no voy a analizar el programa de Risto Mejide en Cuatro que creo que ni siquiera lo habré visto mucho más de cinco minutos. Pero, lo reconozco, así a bote pronto: es un títulazo lo que da nombre al espacio, sugerente y reflexivo nada más con esa cabecera por mucho que en el desarrollo del espacio televisivo nos creamos o no, estemos más de acuerdo o menos con lo que allí se nos dice y se nos muestra.
Tampoco voy aquí a analizar las corrientes filosóficas con las que se conecta tal afirmación del título. Sí, bueno venga, repasemos: desde el vacío de que nada es "real" de los nihilistas, el escepticismo y la duda extrema de Descartes con su "pienso, luego existo" y que ese dudar nuestro es lo único certero o Nietzsche para quien toda comunicación formalizada tiene un elemento de falsedad o convención; y sin faltar por supuesto la sombra en la pared de la caverna de Platón, un reflejo distorsionado de la verdadera realidad en el mundo de nuestras ideas.
Puede, y no lo voy a negar, que me quedo con todas estas corrientes si es posible en este justo momento de mi vida, ya sabéis "patas arriba" y en un mundo "incierto" (sí, no sé si más o menos distorsionado en mis ideas, sr Platón). Poco importa pero hace días que me viene rondando esta afirmación de que todo es una mentira. Y por qué, en qué me fundamento para pensar así, qué veo o qué siento para pensar esto. Dice la IA, tan recurrente últimamente pero que me viene hasta bien por darle alguna validez de fuente, que más allá de su sentido literal, la frase suele tener varios enfoques o matices: crisis existencial, desconfianza generalizada y autoengaño. Y sí, se los compro todos, porque además va en la línea de las filosofías antes expuestas pero llevadas como a mí me gusta a la cotidianeidad de los mortales.
Crisis existencial. O montaña rusa también llamada en un idioma de andar por casa, sí, descalzos sintiendo el frío abrasador y el calor que te hiela (como buena poeta oye. Véase poema: Euforiangustia ). Este matiz, aquí en lo incierto que trato desde el comienzo en este espacio está más que evidente: el no saber para dónde tirar, qué hacer, cómo salir de dónde me encuentro, el camino y sus "crossroads", los desplantes de los viajeros que me acompañan en los distintos tramos, mis inseguridades extremas a veces, mi fortaleza otras...
Desconfianza generalizada. Puede que el programa de Risto sea su resultado en cuanto a política y sociedad, claro, de desenmascarar a la realidad, claro que con un determinado cristal como todo, que hasta en eso hay desconfianza claro. Y por qué, pues porque sentimos que nos han fallado: el político de turno, el jefe, el amigo o el amante. Da igual. Fallar, eso tan humano nos lleva a esto a desconfiar, y no hay cosa peor: porque de un lado, para quien es objeto de esa desconfianza parece que nada es suficiente para demostrar que la otra parte se equivoca y que queremos cambiar; y para el sujeto desconfiado, esta situación nos lleva a cuanto menos sentirnos vacíos y nihilistas de la vida que nos rodea.
Autoengaño, es decir: cuando asimilamos el titular y lo hacemos nuestro no es otro síntoma que de toma de conciencia de que uno mismo ha estado viviendo bajo una ilusión o negando la realidad. Digamos que despertamos de ese vivir y soñar de Calderón y, a veces, tal vez por eso venga este post, de golpe, por un gesto o una acumulación de ellos,. por una experiencia traumática o por las cicatrices reabiertas por anteriores, por actitudes que salen a la luz, por promesas, una vez y otras que no se cumplen, por una decepción y otra, y otra más... pero que lejos de hundirnos, ¡eureka!, nos dan luz y disipan las sombras distorsionadas, que nos invitan a dudar de todo, a pensar y existir a la vez, a estar más atentos para ver que nada ante nuestros ojos es real, a hablar claro sin falsedad ni dobleces y exigir lo mismo en cada conversación para hacer oídos sordos a las excusas tontas, a los ofrecimientos falsos de estoy pero no, te cuido pero mi ombligo va antes, a la empatía que no existe, a los abrazos sin fuerza y a los te quiero gratuitos... Para ver los hechos sencillamente sin engañarnos, sin ningún otro cristal que el propio, limpiado por nosotros mismos en un momento de lucidez y caída del guindo.
Pero claro, en esta visón, -la de esta que escribe- hasta qué punto eso es verdad o mentira, puede que en término medio como en la comedia En esta vida todo es mentira y todo es verdad... Queridos míos, sí, de nuevo estáis en lo cierto si pensáis que sólo trato de buscar un argumento que justifique el caos que me zozobra a diario, los duelos que batallo en silencio, la ansiedad que me produce la falsedad que me demuestran.
También, por supuesto, podéis pensar que, - parafraseando a Bucay- estoy empezando de verdad a "amar con los ojos abiertos", que estoy empezando a conjugar el verbo "darse cuenta" y poniendo un tic ✅ a lo que sí y a lo que no; que estoy empezando a encontrar una razón, un clavo ardiendo o no, una piedra qué levantar para seguir excavando, para agarrarme fuerte y para salir de mi caos: enfocándome, valorándome, limitando y priorizándome, siguiendo a la otra Alicia.
La realidad
No es como a mí me convendría que sea.
No es como debería ser.
No es como me dijeron que iba a ser.
No es como fue.
No es como será mañana.
Jorge Bucay. Cuentos para pensar
Puede que no sea un cuento, ni una comedia. Todo es mentira o todo es verdad, qué más da....Mentira, o verdad, aquí seguiremos, en nuestro papel, y aunque no me guste el anglicismo: chequeando sin miedo la vida que nos toca. ✅✅✅
Pero sobre esto, queridos míos, ya hablaremos en otro momento.
martes, 19 de mayo de 2026
La otra Alicia
Esta vez llegó hasta un gran lecho de flores bordeado de margaritas con un enorme acebo en el centro.
—Oh, Lirio Atigrado —dijo Alicia, dirigiéndose a uno que se mecía al viento con garbo—, ¡ojalá pudieras hablar!
—El hecho es que sí podemos —dijo el Lirio Atigrado—, siempre que haya alguien con quien valga la pena hacerlo.
Lewis Carrol, Alicia a través del espejo:
Desde pequeña me han fascinado las flores. Recuerdo, -y alguna foto por casa hay de esta rubilla de ojos azules que escribe- de ir alguna tarde a la Jutanilla con mi abuelo Paco y mis padres, y mientras los mayores charlaban de sus cosas yo era feliz, no necesitaba más que allí charlando con las flores en el campo silvestre de margaritas, de "canarios" (que mi abuelo llamaba a esas flores silvestres amarillas que crecen por allí a su antojo) o de "corazón de Jesús" (aquellas otras, moradas, muy pequeñas y pegadas al suelo como alfombra malva poética). Y la amapola, siempre: mi predilecta, ya sabéis, portada de mi primer poemario azul, lo delicada y frágil y con la fuerza de crecer sola en los lugares más inhóspitos e insólitos que nos podamos imaginar. Y para imaginación, claro, la de Alicia, sí la de "wonderland", claro y pensaréis queridos que aquí viene la relación con el fragmento que abre el post, en esa capacidad mía de "mayor" de charlar siempre tanto ("por siete", que dice mi madre), hasta con las flores o lirios atigrados; o más que capacidad tal vez se convierte en necesidad. Veamos...
Lo que nos parece de primeras un libro de niños (como pudiera ser El Principito y muchos más por el estilo, e incluso Platero y yo) sencillamente no lo es. Porque el mensaje central de Alicia en el País de las Maravillas es algo más profundo entre conejos, sombrereros y reinas de corazones: la transición de la infancia a la madurez, aceptando el caos y el absurdo del mundo adulto. La obra invita a mantener la curiosidad, la identidad y la imaginación frente a la rigidez social, aprendiendo a tomar decisiones propias y confiar en uno mismo. Casi ná, el "cuentecito" de Carrol...
Y si esto lo acerco al mundo incierto que ven mis ojos, al mundo que está patas arriba en este justo momento, al mío, en el que reina el caos puede que yo sea en parte como alguna de las Alicia del escritor inglés: en plena adaptación, en plena búsqueda de mi camino, tal vez cuestionándome quién soy para poder seguir, y en este blog, sí, echo imaginación y curioseo en lo absurdo de muchas situaciones, convencionales o no que me van pasando en la vida. Y en estas páginas, resulta que- como dice el lirio atigrado- hablo con alguien que vale la pena hacerlo: una del mismo nombre es amiga fuerte y valiente que siempre está (algún día os la presento); la otra está afuera de todo pero es un descubrimiento para mí, es lugar seguro donde consigo eliminar prejuicios y reparos, sin necesidad de diván ni hipnosis, con la tranquilidad de poder hablar siendo yo misma, como aquella niña rubia de ojos claros... Ella es eso, la otra Alicia a lo Carrol: la que por momentos se convierte en el Gato de Cheshire: "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente" y me hace ENFOCARME y a ACEPTARME como soy porque "Aquí todos estamos locos"; o como el Sombrerero Loco que me invita a seguir aprovechando ciertos recursos propios como pintar o escribir en este mismo espacio para encontrarme: "No pierdas tu muchosidad" y VALORARME en aquello que me hace única; y ella es quien me pone en el tablero, de ajedrez o no, las herramientas que necesito ahora para PRIORIZARME y tener claro el PROPÓSITO que me guíe: "Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí" (de nuevo el Gato), sin olvidar la importancia de poner ciertos LÍMITES dentro de mi control, para conseguir caminar en PAZ, en la mía propia. Puede que penséis y con razón que todo está en mí, como al leer a Carrol que todo era un sueño de una niña de la Inglaterra victoriana, tal vez. Sin embargo, os aseguro,- queridos míos- que en este tiempo incierto, en medio de mis caos y los sinsentidos de la vida, hay martes como éste me siento un poco más segura y aliviada con ella, con mi otra Alicia.
viernes, 8 de mayo de 2026
Cuando no sale
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| De Jordi Labanda, en Martin Ceballos |
No me sale decir te quiero sin que me lo digas.
No me sale escribirte qué tal, queriendo.
No me sale preocuparme más que por mi ombligo.
No me sale echarme para adelante, caminar a tu lado.
No me sale acordarte de ti y echarte de menos.
No me sale posicionarme y apoyarte.
No me sale esforzarme y cuidarte.
No me sale pensar en tí como tú quieres.
No me sale estar más allá que para una cerveza.
No me sale ser valiente y AMAR.
No, no me sale...
Como decía Pepe, "observa". Sí, y si observamos de cerca todos estos pretextos de "no me sale", sencillamente son solo eso y acabamos en la conclusión equivalente al refrán siempre sabio "donde no hay, no se puede sacar" que dice la IA que significa "que no se puede exigir, esperar o conseguir algo de quien carece de los medios, la capacidad, la inteligencia o la voluntad para darlo. Es una frase que denota aceptación ante la falta evidente de algo". Y ahí está la clave, sin menospreciar la capacidad o inteligencia de cada uno (Dios me libre, pero "Intelijencia dame el nombre esacto de las cosas" que diría el moguereño), en la "voluntad para darlo", porque cada uno no da lo que tiene o lo que es sino lo que quiere dar y es; ahí, de manera clara se justifica que sencillamente no se quiere que salga: que la persona a la que no le sale realmente no quiere decir te quiero sin que uno se lo diga o se lo pida; que no quiere escribirte qué tal porque no lo siente; que no se echa para adelante porque no le da la gana; que no te apoya ni te cuida ni te piensa porque de verdad no quiere más preocupación que su propio ombligo; que está sí, pero para todas las cervezas que caigan, como si eso fuera un verdadero gesto de valentía porque realmente no conoce ni sabe ni entiende ni practica amar en el sentido amplio del verbo.
Y claro, -siguiendo al maestro al que he hecho protagonista del post-, no queda más exigencia que para con nosotros mismos: corregir y apartarnos de ahí, -tornando los ojos si hace falta-, para darnos cuenta de que ahí no es el lugar ni la persona con la que ser feliz; porque ya sabemos: donde no sale, no hay, y ante esto: o corregimos nosotros, o sencillamente tiramos el lienzo a la basura y comenzamos de nuevo en otro sitio y con alguien distinto sin esperar más para no morir en el intento. Porque sí, porque estamos en la vida un ratito como para invertir tiempo y esfuerzos en lugares vacíos y personas cobardes que sencillamente no nos aportan pinceladas que completen el cuadro.
viernes, 1 de mayo de 2026
Cumplir años no siempre sienta bien
Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43.
Sí, cada año, el dos de mayo (o sea, mañana mismo, día patrio y goyesco donde los haya y en el que nació la que escribe...casi ná), me zozobra el ánimo,- por sentimientos encontrados por querer celebrar pero no nada especial , o sí, pero sin sorpresas sin dejar nada a la improvisación; por la autoexigencia mía enfermiza de tenerlo todo controladito y nada tengo; por la nostalgia que me corroe y el tempus fugit que me persigue y, qué queréis que os diga, muchas cosas más que sabéis los que me leéis-, ahora justo en este momento, - en el peor de mi vida hasta ahora- en el de los 43 que me acechan, no es que me siente mal el numerito es que estoy llena de "tremendismo": acompañando a lo triste y lo sola que me siento. Supongo que no hay peor cosa, o así lo veo yo que cumplir años con el mundo, el mío, más patas arriba que nunca, a sabiendas que ya nada es igual.
Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43.
Que sí, que hay que celebrar no los años sino la vida que vivimos, que disfrutamos y sentimos, Que sí, que seguro que no es para tanto y tengo gente alrededor que está deseando brindar conmigo 43 veces si hace falta (recalquemos el "brindar" = pa' a eso todo el mundo está). Que sí, venga, que una vuelta al sol es una nueva oportunidad para ser feliz y soñar... Pero que no, que me enervan esos topicazos de los días de cumple, que me volvería mínimo a los 42 con tal de no estar en este justo momento y sentirme como me siento, aunque claro no era consciente de lo importante. No es que fuera el mejor de lo años pero sí supera a este en lo poco positivo que hubiera. O a los 40, - antes de septiembre, claro, donde empezó todo, hasta este blog- un año crucial pensaba lleno de sueños y proyectos, ávida por cumplir y que, ya sabéis, quedaron en nada, en agua de borrajas como suele decirse, en el tintero o en el cajón olvidados.
Sí ya sé que estáis pensando: que soy una contradicción en estado puro (que sí, estoy echarcoño). Pues supongo que es lo que conlleva cumplir 43 en estos meses de locura y en los que la vida nos ha cambiado demasiado, justo el último de esta década en que aún podemos darle le vuelta y sonreír, antes del abismo del capicúo y de suma sin retorno. Que sí, que toca adaptarse, que no hay otra (maldita frase), pero qué queréis que os diga: mañana cumplo 43, quiero que sea un día normal, como otro cualquiera, sin grandes celebraciones ni brindis falsos, sin decepciones que se sumen, ni escuchar palabras o miradas que me hieran. Quiero cumplir 43, y quiero seguir sumando contradicciones: quiero dormir y poder volver a soñar, quiero estar aquí y allí, pero estar, amando y amándome, sin echar ni echarme de menos; pero también quiero perderme y no volver adonde realmente no soy feliz ni con quien no aporta, sepa o no la parada del autobús del numerito; y yo lo que quiero corazón cobarde, es que mueras por mí, que diría Sabina... Lo que yo quiero es poder sentir que todo está bien en el sentido amplio del adverbio.
Cumplir años no siempre sienta bien, yo mañana cumplo 43. Y no, todo no está bien.
miércoles, 29 de abril de 2026
Mario
viernes, 6 de febrero de 2026
Rendirse
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| La rendición de Breda o Las lanzas es un óleo sobre lienzo pintado entre 1634 y 1635 por Diego Velázquez que se conserva en el Museo del Prado de Madrid desde 1819 |
Si pienso en "rendirse", no sé vosotros, queridos lectores níos, pero a mí se me agolpan distintos "hipertextos mentales" para que de alguna manera me dan para desarrollar y reflexionar hacia donde quiero ir en este post. Automáticamente en mi mente aparece una imagen, -y me voy al Barroco, casi ná-: la Rendición de Breda, del bueno de Diego Velázquez (abro inciso: de niña y adolescente, me fascinaba, releía un librito pequeño sobre este maestro que compré en la Feria del Libro de Nerva y en el que explicaban cuadros como el Aguador de Sevilla, Las Hilanderas... Nota mental: buscar la próxima vez que vaya a casa) y que nos muestra una vez más una ruptura con la tradicional representación del héroe militar y de la rendición del derrotado, representado normalmente el primero erguido sobre el derrotado, humillándolo. Velázquez y su otro mundo es posible, con las lanzas ya paradas, quietas y pacientes ante esa esperanza que se abre y nos sostiene para seguir, ya rendidos sí, pero juntos, hacia otra etapa, puede que ni peor ni mejor, sencillamente distinta.
Y de Breda nos vamos a Uruguay, porque si por un momento pronunciamos un "No te rindas", echamos mano irremediablemente de Mario Benedetti nos lo pedía en sus versos más afamados, y qué queréis que os diga, no hay forma más bella, más intensa: "aunque el miedo muerda/ (,,,)", porque siempre hay esperanza, siempre habrá poesía si "aun hay fuego en tu alma/ aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo (...)" "porque no estás sola/ porque yo te quiero". Y ahí voy, al querer, al amar y todo lo que nos conlleva, en uno mismo y al que tienes cerca, ya sea amigo, amante o compañero. Porque AMAR (y amarse) con mayúsculas y subrayado con fluorescente si hace falta, conlleva intrínseco el no rendise nunca- jamás, con uno mismo y con el otro.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse: aguantar (y aguantarnos) las caídas y subidas, de ESCUCHAR doscientas veces el mismo problema y no aburrirte nunca (ni mucho menos soltar una fresca, o mirar hacia otro lado).
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y mantener las GANAS de vernos, por mucho lío que tengamos, "ocupados estamos todos", porque cada día es un día nuevo y amanece llenos de posibilidades para uno y para con el otro.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y EMPATIZAR con uno y con los demás, con la situaciones que cada uno vive y la manera de gestionarla que se nos viene, entendiéndonos, Y esto, lo sé, os comprendo, es una empresa difícil hoy en día, dado el ombliguismo que nos supera, que no nos deja ver más allá, y eso en realidad es lo que hace no que nos rindamos pronto, sino que en realidad no seamos capaces de amar.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y ser VALIENTE para afrontar lo que venga, juntos de la mano, con todas las respuestas anteriores siendo correctas,
Sin embargo, cuando finalmente nos rendimos, no importa el tiempo que hayamos durado en pie, si un día o cincuenta años; cuando nos rendimos sencillamente no amamos, dejamos de hacerlo: dejamos de aguantarnos, dejamos de escucharnos, dejamos de tenernos ganas, de entendernos, de necesitarnos Que sí, podemos buscar argumentos y voces que se suelen escuchar incluso: "es que siempre no se puede estar ahí. es que uno se cansa de tirar, de llevar las riendas, de escuchar siempre lo mismo, problemas tenemos todos, la vida es corta y tengo que vivirla sin tanto pensar o en nadie..." y que no son más que unas excusas para no ser valientes y para dejar pues de AMARNOS, casi sin darnos cuenta. Y sin más parapetos cambiamos los versos finales del uruguayo, "cedemos" y los sentimos. "porque estás sola, porque yo no te quiero".
Y ahí, queridos y queridas, no hay nada que hacer ni que escribir, las lanzas se disparan solas porque ya no hay riendas de las que tirar; porque tal vez están descompensadas de una parte, o de las dos (para qué humillar al derrotado o al héroe) y se han resquebrajado todo; porque ahí uno, los dos- o ambos- han caído del guindo y sencillamente se deja de ESTAR en lo amplio de la acción y el efecto sobre todo; porque es ese justo momento, -porque no quiero sentirme sola y porque quiero quererme-, en el que YO ME RINDO.
viernes, 30 de enero de 2026
No queda otra
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| En Alcázar Domínguez, C: Mirada Azul. Huelva, Diputación de Huelva y Ayuntamiento de Nerva, 2013. (Ilustración: Ángeles Cadel). |
"No queda otra". Últimamente, es una frase hecha recurrente en la mayoría de mis conversaciones. Y, qué queréis que os diga, le estoy cogiendo hasta "tirria" que decimos por aquí - o manía o roña o inquina, como prefiráis en un ejercicio de sinonimia. Pero se me antoja analizar la dichosa frasecilla, más allá de lo lingüístico claro, más bien en lo pragmático a buscar en las intenciones de lo dicho porque tal vez se me da mejor , porque las intenciones llegan más y me valen más y, porque al final lo que voy, a pensar más, quizás sea eso, lo de pensar demasiado, inmersa en este tiempo incierto... Puede ser, pues eso: "no me queda otra".
Por un lado, estoy de acuerdo en que podamos encontrar un "no queda otra" en positivo, en un contexto del autoconvencimiento necesario para poder salir "palante", porque es verdad que hay que hacerlo, que la vida - esa efímera que se nos va querámos o no, y tan corriendo...- nos lleva al avance sea como sea, pero no se detiene, y a la inercia, el día que sea, cuando sea, de seguir caminando...
Hablando de "inercia", en esta "hipertextualidad" constante que mi cabeza vive y sufre, se me viene el poema de mi Mirada Azul que encabeza este post y en el que mis versos hablan justo de esto, con un ritmo frenético como el que vivimos, con acciones que se contradicen, que no paran, que caen y suben, que vienen y van... con lo que podemos llegar a pensar en que como las mariposas blancas de Juan Ramón o las oscuras golondrinas de Bécquer, "todo me vuelve" y por tanto lo recurrente que es la idea que intento transmitiros en este "no me queda otra". Y que por cierto, en esas "correspondencias" (mis respetos a Boudelaire), atención a la ilustración de mi gran amiga y admirada Ángeles Cadel: sí, capttó a la perfección el tiempo incierto de mis versos: cayendo al vacío y "patas arriba" como este espacio bloguero...
Pero claro, pienso que también puedo encontrarle el menos positivo ese de "es lo que hay, me aguanto y punto" y ¿qué? ¿no se lucha?, y ahi nos quedamos en ese camino, porque sí, porque estamos sin otra ¿opción mejor? Esta claro que esa es la formula más sencilla, más cómoda seguro, y yo ahí cortocircuito. Y me "rebeldeo" conmigo misma (si existiera ese verbo, señores de la RAE). Porque está claro que a veces las peores batallas se libran en los adentros de una, de seguro porque de alguna manera sé que salgo herida, salgo perdiendo, fuelle, y fuerza...Y justo ahí en ese momento, en el que todo parece perdido y sin salida, vendría casi por inercia protectora el otro "no queda otra"; sí, el de autoconvencimiento para después lamerte tus "pupas", pero con el riesgo evidente de que quedarán cicatrices en un momento dado tan profundas que haya soluciones demasiado radicales y... cobardes, vamos a decirlo también.
No sé qué pensaréis, queridos lectores míos, puede que no entendáis del todo por dónde voy, a veces ni yo lo sé, o tal vez del "tirón" penséis lo lógico leyéndome "esta muchacha está echarcoño" que decimos en mi pueblo.
Probablemente tengáis razón, a todo, pero ya que estáis por aquí "no os queda otra", queridos, que aguantarme, leerme entre líneas y pensarme:
Que no os queda otra... o sí.
viernes, 12 de diciembre de 2025
El poder del abrazo
"Dice la tradición que cuando abrazamos a alguien ganamos un día de vida". Pablo Coehlo
Nacer, vivir y morir solos. Es nuestro sino por más que "romanticemos" nuestra existencia, la edulcoremos cuando nos convenga o nos pongamos vendas más o menos opacas en nuestros ojos. Lo cierto es que desde las primeras luces, en ese primer arropo al salir a la vida, sentimos el calor del primer abrazo, más allá de los ropajes con el que nos cubran. Evidentemente, no lo recordamos siquiera pero estoy segura de que se nos ha quedado impregnado en la memoria de lo sentidos, ahí indeleble y de manera casi innata,. Y es por ese instante por lo que a lo largo de los años vamos buscando ese "ganar vida" de Coelho aunque por momentos nos parezca que somos un Mario Bros venido a menos con pocas monedas hacía las que saltar, muchas tuberías enredadas que arreglar y demasiada torpeza para evitar caer al vacío.
Es nuestro sino, y sí, lo sé, también hay otros abrazos insulsos, muchos de "bienqueda", demasiados; son los que duran menos de un chasquido de dedos, que se evaporan casi al tiempo que se rozan los cuerpos, que se sienten lejos por más que se aprieten los brazos. Son esos, los que no nos sirven de mucho, sólo para ese darse cuenta necesario, para ese vivir con los ojos abiertos sabiendo quién es quien en ese simple gesto del abrazo. Pero estos son más fáciles de obviar para seguir viviendo, y no, aquí no puedo ni quiero evitar "romantizar", porque vivimos buscando sencillamente los otros: esos abrazos adonde quedarnos a vivir:
En los abrazos que sanan, que te contagian de energía y fuerza para seguir, con la intensidad justa y necesaria para el momento.
O en esos abrazos espontáneos y duraderos, que parten del silencio y la escucha atenta, de la empatía que emana del amor sincero y la amistad de verdad, que nada esperan y todo dan, esas que poco se entienden hoy.
En aquellos abrazos que no miran el reloj y se revuelcan en la arena que cae, donde se para el tiempo en el sentir de los cuerpos
Y en esos abrazos que salen de los ojos brillosos, del mirar por dentro, y del llorar ahí, con ese consuelo que no se pide y sencillamente se da, donde nadie duerme y donde el amor deambula imsomne.
Nacemos, vivimos y morimos solos. Es nuestro sino, por más que "romanticemos" la existencia para que con uno de estos abrazos, sea el que sea, nos haga la vida más llevadera.
martes, 25 de noviembre de 2025
Tempus fugit
“Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum captivcircumvectamur amore”. VIRGILIO, Geórgicas, III, 284-285
(“Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles)
Tempus fugit. Hace unas semanas, elegí conscientemente varios poemas que bien podría valer de post aquí en mi mundo incierto, entre el caos y el Tempus Fugit. Precisamente un poema titulado con esas palabras en latín en mi intervención en el Otoño Poético en Nerva no podía faltar, de hecho nunca falta entre lo que escribo (hasta en las dedicatorias a mano de mi Mirada Azul en todo aquello lo que nos une, en "nuestro propio tiempo"). Porque es mucho más que un tópico literario, porque no es más que esa obsesión que nos persigue a los hombres y las mujeres justamente desde que lo somos, desde tiempos ancestrales, desde que pensamos y nos percatamos de la valía del tiempo, el nuestro, el de nuestra existencia. Se nos escapa, decía en alguno de sus versos. Y tanto... Supongo que cuando vamos creciendo, más conscientes somos de que se nos va la vida.
Mi infancia son recuerdos de mi tata (...) También en el Otoño, desempolvé el poema de mi tata, ("Regina") de la imagen de su patio con ese aire machadiano; desempolvé a esa niña que sigue ahí mirando a esa puerta como si fuera la suya cuando llego a casa, a sabiendas de que ni existe ya el patio y hasta ha cambiado de dueños la vivienda, a sabiendas de que ella se llevó un trozo preciado de mi infancia cuando miraba a las estrellas creyendo ver almas brillando en ellas.
Una siempre vuelve adonde fue feliz... Y con quien lo fue, pero qué pasa cuando ya apenas queda nadie en ese lugar, me planteo. Cuando cumplí cuarenta en el típico- tópico encuentro de "quintas" fue una de las primeras veces en que caí en la cuenta de esta idea y hasta lo comentamos en la sobremesa. Porque a veces en aquel lugar ya faltan demasiadas personas con las que te has criado o han sido parte de tu aquellos días aunque fuera de lejos o sin pensarlo porque ni siquiera eran de tu entorno más cercano pero que estaban en las pequeñas cosas que te rodeaban: padres, abuelos o familiares de las niñas o niños con quien jugabas por las tardes o en el patio del colegio; rostros que llevas asociados a esas niñas y niños siempre, y que ya mujeres y hombres cuarentones como yo tienen de por vida esa ausencia irremplazable. Y justo ahí, en ese momento, caes en la cuenta de que nos hacemos mayores y es inevitable volver al comienzo, al maldito tempus fugit de nuevo.
(...) y de la vida que se agota,
y se muere
a destiempo.
Y más triste resulta evidentemente cuando se te va alguien cercano, no importa la edad de su partida, porque siempre nos parece a destiempo, porque es de esos que no me faltaban en ninguna imagen de niña, de los que siempre estaban en las llamadas "BBC", en cada reunión familiar, que no faltaba tampoco o me llamaba en cada evento poético o no que yo misma protagonizaba, mirándome siempre como tío orgulloso de tener mi mejor cuadro, -suyo siempre-, colgado en un sitio privilegiado de su salón en Riotinto.
Que sí, ya lo comprendo
- tan joven ya no soy-,
que se va delante de nuestros ojos
sin remedio, - así tan en serio- (...)
Y nosotros, de mientras, pues eso, en nuestro caos y nuestro tiempo incierto, perdiendo la vida y el propio tiempo en cosas anodinas, preocupándonos sin ocuparnos apenas, en enfados y orgullos tontos, en absurdos golpes de pecho, en el "y tú más"... y esperando que llegue alguien que nos salve, que llegue el momento justo para esto o para aquello.. ¿el momento de qué? Claro que llegará, tal vez sin esperarlo siquiera y sin oportunidad de recular o atrasar el minutero, y ahí, -queridos y queridas mías-, posiblemente ya sea tarde para casi todo lo que pensamos y no hacemos.
Por eso debería estar prohibido hacerse mayor, claro, pero sobre todo no se deberían cumplir años sin vivirlos, sin disfrutarlos con los nuestros, sin valorar que la vida es una, que es un ahora que se nos escapa y nos mata así, poco a poco, y sin pedirnos permiso.
martes, 7 de octubre de 2025
Discard
Descartar: (de des y carta) 1. Excluir o eliminar a alguien o algo. 2. Rechazar, no admitir algo. 3. En ciertos juegos, dejar las cartas que se tienen en la mano y se consideran inútiles, sustituyéndolas con otras tantas de las que no se han repartido. 4.Dicho de una persona: Excusarse de hacer algo.
"Descartada". Últimamente es una de las palabras que más me encuentro, y me sirven todas y cada una de las acepciones de la RAE en más de uno, y más de dos ámbitos de mi alrededor. .
Descartada la oportunidad . Recalo cada mañana en portales de empleo y es la respuesta estrella. ¿Preparada? Claro, no voy a venirme a menos: la mitad de mi vida estudiando (por no decir toda, a "full" estos dos últimos años y ahora con mil cursos entre mano), años de experiencia trabajando en un sector, acotado (mucho, demasiado) pero implicada, dejándome la piel y el sueño que aún no recupero. Y ahí sigo, como tantas y tantas, excluida, eliminada de procesos de selección, dejando mis cartas en el cajón y considerándome eso, inútil, para ya cualquier otro sector en lo que no tengo experiencia claro y en la que simplemente descartan la oportunidad.
Descartada la posibilidad. Las previsiones no son buenas, al menos de momento, de que nuestro futuro más inmediato sea algo más fácil que el presente, y que estos dos malditos años. Excluida la posibilidad de no adaptarse, toca estar en pie y seguir con lo que venga. Rechazada la posibilidad de rendirme y excusarme de hacer algo. Sí, a qué precio- me pregunto a veces y en las noches que el sueño no hace presencia. El destino nos dirá como aviarnos.
Descartada la expectativa. Evidentemente no soy perfecta, eso vaya por delante y a la vista está, pongo todas las cartas en la mesa siempre para quien la necesite para seguir jugando. Pero tampoco vivo en la sopa boba a la espera de que todos juguemos la misma mano o se quiera seguir con la partida por el solo hecho de compartir ese tiempo y esa vida o queramos desplumarnos unos a otros. Descartada esa idea, será el destino de nuevo el que haga también de las suyas descartando jugadores, por más excusas que pongamos y por más que siga en mi empeño de seguir jugando, sin excluir ni un momento la ñoña idea de sentirme sola en cualquier timba.
Lo dicho, y como la viñeta: que en este ahora no se elige, que ahora SE DESCARTA... Y así vamos...
martes, 23 de septiembre de 2025
De puntos, asteriscos y tildes
Supongo que hay veces en la vida que toca sentirse así por más años que pasen, tan desorientada como un asterisco o un triste punto que no acierta ni con las tildes. Porque la vida viene y bah, -como la peli-, y a veces una no sabe para dónde tirar. Ni si quiera diría yo que hay aquellos crossroads, mis cruces de caminos de los que hablaba años atrás y mucho menos hay baldosas amarillas ni magos; más bien lo que sí existe es un punto recurrente al que te parece volver una y otra vez por más que pruebe a alejarme o luche por llegar a otros más llevaderos y con más aire. Porque claro, en el camino una no va sola, o en realidad sí y lo sé, pero la mochila está llena de miedos, muchos - y de ciertos complejos por qué no- , pese a los caparazones absurdos, pese a que me sacuda mil veces los zapatos, porque hay piedras que se cuelan y difícilmente dejan de clavarse en mis dedos. Y entre tantos vienes y bah, hay veces en las que llega algo de luz, o eso creemos: autoespejismos del tipo "algo bueno hay para mí" o "siempre habrá alguien ahí a mi lado"...
Pero no me engaño: esto de vivir, como el poema, "va en serio" y por si la cosa va de versos añado "Vive, joder, vive"... y mientras que "bah" y que viene, sí, sigo luchando, por mí y "por todos mis compañeros", por volver a sentirme en pie, profesional, valorada, con fuerza, para cuidar y amar, para seguir poniendo yo mi acento donde quiera, sin olvidarme caro las malditas tildes como puñal de oposición clavadito... Pero es inevitable, la incertidumbre y los tiempos que no son los míos pero que afectan al mío que "fugit" sin darme cuenta.
Que sí, que en este aquí y este ahora, y por lo que viene y nos acecha: es inevitable sentirme así, como un asterisco en una fiesta de puntos.
domingo, 23 de febrero de 2025
No me da la vida
No. No me da la vida.
Los 43 se me acercan sigilosamente, pero no me dan. Estoy llegando al punto álgido del agobio paralizante, o mínimo a la primera parada de ese sentimiento tan mío y tan habitual en las oposiciones, en la sensación de que con tantos frentes abiertos no se sabe una para dónde tirar: temas, prácticas, programación, situaciones... Y a eso le sumamos claro, lo más mundano que tengo que sacar para adelante en mi día a día...
Siempre he necesitado días de 25 horas mínimo para escribir, pintar, vivir... ahora creo que de existir esos días "ampliados" no me darían tampoco.
Que no, que no me da la vida, que el tempus fugit, esto es un ubi sunt y todos los tópicos literarios que podamos encontrar y por los que me entra mil dudas sobre mí y el universo que me rodea. Ergo existo, pienso y siento, y vivo así sin vivir en mi....
Dentro de mi alma fue de mí engendrado... que sí, sr Garcilaso, ahí dentro de mí, escrito está en alma: tengo miedo.
viernes, 7 de febrero de 2025
Todo sigue igual
He aprendido poco, me temo. Y he escrito menos, lo siento.
Tras la actuación de aquella neurona moribunda en junio del 24 y un aplauso comedido del público- tribunal, acabé a fondo perdido en una bolsa de miles de ellas dando tumbos hasta la fecha. Seguimos a la espera en lo incierto, con junio25 en la mirá, pero todo sigue igual, que diría Julio. Y mal...
He de reconocer que no es del todo cierto esa afirmación y que al menos hasta este justo momento, he contado con más motivación, más ganas, más ilusión. Mucho me ha ayudado... no me engaño: Yo misma mente y la fuerza que sé que tengo y puedo (bueno y mi Henry y sus clases en las que tanto estoy aprendiendo...) .
Pero qué le vamos a hacer, tras un largo enero, ya estamos en febrero, el mes loco dicen, y yo voy perdiendo fuelle, o al menos me lo parece. En eso, lo reconozco, me ha ayudado bastante estar pendiente del sube y baja bursátil (no el de Wall Street, claro) y al tanto de ciertos grupos de whatsapp de interinos que desaniman a cualquiera que pase por allí cinco minutos...
Tampoco es que ayude la llamada soledad de la opositora, que no es un meme y claro que existe (como madre, casi cuarentaydosañera y periodista en paro también); pero tú y yo, lo sabemos: hay soledades peores. Sí, esas soledades que por un momento quiero pensar que no son reales y son fruto del cansancio de la moribunda o qué se yo; sin embargo no tengo evidencias últimamente de otra cosa, y para quien me conozca de verdad y me sepa leer entre líneas (quizás alguien de Marte en la sala?) sabrá de lo que hablo y lo que siento estos días: que no me gustan los cambios y parece que vienen gordos, que de vez en cuando me quito la venda por el exceso de happyflowers de mi nariz, que de to se cansa una y yo caigo del guindo alguna vez que otra decepción... Sabrá ese instruido marciano o marciana todo eso y que realmente no me dura demasiado todo esto y pronto vuelva a las andadas, afortunadamente, supongo. Y lo sabrá como que el café a mí me gusta en taza, - sí es una manía tonta como todas- lo mismo la de que me valoren de verdad y no me lo pongan en el último vaso de cristal que tienen en la vitrina.
Claro que, aquí, en Marte o en el espacio sideral de más allá no hay más ciego que el que no quiere ver ni leer y menos si vive con los ojos pegados al centro de su ombligo. O, en mi caso -que también puede ser-, al mío.
jueves, 23 de mayo de 2024
72 temas y una neurona moribunda
A menos ya de una treintena de días vista... No tengo mucho o nada que decir, y menos de escribir. Sí, ya véis, amigos, aquí ando, en clave teatral, en quién me ha visto y quien me ve,- ya véís- y ni sombra de lo que era.
jueves, 11 de abril de 2024
Fuelle
1. Fuelle. nombre masculino. Instrumento para recoger aire y lanzarlo con una dirección determinada, que esencialmente se reduce a una caja con tapa y fondo de madera, costados de piel flexible, una válvula por donde entra el aire y un cañón por donde sale cuando, plegándose los costados, se reduce el volumen del aparato.
Voy perdiendo fuelle, pero ahí sigo: intentando tirar y tirar de las piedras atadas en los tobillos en este tiempo. Ya no respiro, si a caso jadeo con dificultad. El camino se hace, sí, se me está haciendo demasiado angosto y lleno de una maleza tan compacta que no logro esquivar por más que mis manos las apartan. El suelo parece hecho a posta con un empedrado de espinas finas y punzantes y donde me sangran los pies, a borbotones, por más tiritas que intento ponerme cada día.martes, 26 de marzo de 2024
Varadero
jueves, 11 de enero de 2024
La culpa es yo
"La Culpa es yo". En su momento, la frasecita de Diego, Fiti y compañía en la mítica serie Los Serrano, chirriaba (tal vez sintácticamente hablando, que se noten las horas de estudio) y sobre todo sonaba a chiste o a gracieta absurda de estos personajes. Sin embargo hoy me viene rondando la cabeza tal vez porque dentro de mi mundo incierto le saco punta y le encuentro sitio y aplicación directa.
Cuántas veces escuchamos, o nos decimos, la culpa no existe. Llamémosla responsabilidad, llamémosla vergüenza, digámosle miedo social… o definámosla como un producto más de la autoexigencia.
Porque claro queremos, - o quiero-, controlarlo todo; quiero estirar nuestro tiempo y hacerlo todo bien, como se espera, - y como espero- , estar siempre presente y que nada cambie, que los que están cerca – los míos- estén bien en todo, bien atendidos y bien cuidados por mí, en casa o fuera, en todos los aspectos del día a día… Pero claro, en volviendo a lo incierto, no sólo tengo, - necesito- llegar a todo sino llegar a mí y tener tiempo y cabeza para “ponerme en orden” (concentrarme, estudiar en mi caso hoy El Lazarillo o El Quijote, casi ná'; revisar las ofertas de empleo; los malditos cursos de actualización…). Llegan ahora los “y si…”: y si no llego a todo, dudo qué estoy haciendo o si voy realmente a conseguir mejorarlo, y si algo falla por h o por b, porque estoy agotada, porque los días por más que quiera no tienen 25 horas al menos… pues entonces vuelvo al “Catapún, ¡patas arriba!”
Sí, culpable. Lo soy, lo reconozco. Caigo en la trampa de la autoexigencia que diría Cirujana Emocional, y agota por más café que me tome. Porque ahí está “la culpa es yo”, está en mí, no en nadie más, ni en los míos ni en los de más allá. La culpa es yo igual que la felicidad está en una misma nos lleva a la misma salida para aliviarnos: cambiar el chip que decimos en lo coloquial (ahí, repaso de Lengua oye) o más algo que no sé como se hace pero suena muy bien “gestionar el yo” por no decir, a lo Fiti y sin paños calientes “cambiar el yo” o …
¡A la mierda! que diría aquel...
(también las cien palabras, que ya me pasé otra vez...)
martes, 9 de enero de 2024
Bienvenido, tiempo incierto!
¡Patas arriba, esto es un atraco!- gritaron desde la puerta, preparando la patada.
Y yo... - ahora sí-
La alegría
" El viejo guitarrista". Pablo Picasso, finales de 1903 - principios de 1904. Técnica: óleo sobre panel. Dimensiones: 122,9 x 82,6...
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“ Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum captivcircumvectamur amore”. VIRGILIO, Geórgicas, III, 284-285 (“Pero mientras...
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Era una de esas frases típica- tópica que, de broma o no tanto, solíamos escuchar y decir durante los años de instituto, - o al menos a mí m...
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De Jordi Labanda, en Martin Ceballos "No me sale ". En los años de la Escuela, recuerdo que mi maestro de pintura de niña, el g...






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