martes, 26 de mayo de 2026

Todo es una mentira


“Todos representantes seremos
de nuestras propias acciones
pues al fin la vida es eso
breve comedia en que somos
figuras de carne y hueso
apenas nos dan la entrada
y ya desaparecemos”.

El mago Lisipo en  Comedia famosa. En esta vida todo es verdad y todo es mentira de  Calderón de la Barca



Que la vida es sueño y los sueños sueños son, que escribía Calderón. 

Que lo tuyo es puro teatro, decía la cantante cubana La Lupe. 

Que la  única verdad es que todo es mentira, cantaba Café Quijano. 

Y así, todo es mentira. Me he quedado esta parte para titular este post y, no: no voy a analizar el programa de Risto Mejide en Cuatro que creo que ni siquiera lo habré visto mucho más de cinco minutos. Pero, lo reconozco, así a bote pronto: es un títulazo lo que da nombre al espacio, sugerente y reflexivo nada más con esa cabecera por mucho que en el desarrollo del espacio televisivo nos creamos o no, estemos más de acuerdo o menos con lo que allí se nos dice y se nos muestra. 

Tampoco voy aquí a analizar las corrientes filosóficas con las que se conecta tal afirmación del título. Sí, bueno venga, repasemos: desde el vacío de que nada es "real" de los nihilistas, el escepticismo y la duda extrema de Descartes con su "pienso, luego existo" y que ese dudar nuestro es lo único certero o Nietzsche para quien toda comunicación formalizada tiene un elemento de falsedad o convención; y sin faltar por supuesto la sombra en la pared de la caverna de Platón, un reflejo distorsionado de la verdadera realidad en el mundo de nuestras ideas. 

Puede, y no lo voy a negar, que me quedo con todas estas corrientes si es posible en este justo momento de mi vida, ya sabéis "patas arriba" y en un mundo "incierto" (sí, no sé si más o menos distorsionado  en mis ideas, sr Platón). Poco importa pero hace días que me viene rondando esta afirmación de que todo es una mentira. Y por qué, en qué me fundamento para pensar así, qué veo o qué siento para pensar esto. Dice la IA, tan recurrente últimamente pero que me viene hasta bien por darle alguna validez de fuente, que más allá de su sentido literal, la frase suele tener varios enfoques o matices: crisis existencial, desconfianza generalizada y autoengaño. Y sí, se los compro todos, porque además va en la línea de las filosofías antes expuestas pero llevadas como a mí me gusta a la cotidianeidad de los mortales. 

Crisis existencial. O montaña rusa también llamada en un idioma de andar por casa, sí, descalzos sintiendo el frío abrasador y el calor que te hiela (como buena poeta oye. Véase poema: Euforiangustia ). Este matiz, aquí en lo incierto que trato desde el comienzo en este espacio está más que evidente: el no saber para dónde tirar, qué hacer, cómo salir de dónde me encuentro, el camino y sus "crossroads", los desplantes de los viajeros que me acompañan en los distintos tramos, mis inseguridades extremas a veces, mi fortaleza otras...

Desconfianza generalizada. Puede que el programa de Risto sea su resultado en cuanto a política y sociedad, claro, de desenmascarar a la realidad, claro que con un determinado cristal como todo, que hasta en eso hay desconfianza claro. Y por qué, pues porque sentimos que nos han fallado: el político de turno, el jefe, el amigo o el amante. Da igual. Fallar, eso tan humano nos lleva a esto a desconfiar, y no hay cosa peor: porque de un lado, para quien es objeto de esa desconfianza parece que nada es suficiente para demostrar que la otra parte se equivoca y que queremos cambiar; y para el sujeto desconfiado, esta situación nos lleva a cuanto menos sentirnos vacíos y nihilistas de la vida que nos rodea. 

Autoengaño, es decir: cuando asimilamos el titular y lo hacemos nuestro no es otro síntoma que de toma de conciencia de que uno mismo ha estado viviendo bajo una ilusión o negando la realidad. Digamos que despertamos de ese vivir y soñar de Calderón y, a veces, tal vez por eso venga este post, de golpe, por un gesto o una acumulación de ellos,. por una experiencia traumática o por las cicatrices reabiertas por anteriores, por actitudes que salen a la luz, por promesas, una vez y otras que no se cumplen, por una decepción y otra, y otra más... pero que lejos de hundirnos, ¡eureka!, nos dan luz y disipan las sombras distorsionadas, que nos invitan a dudar de todo, a pensar y existir a la vez,  a estar más atentos para ver que nada ante nuestros ojos es real, a hablar claro sin falsedad ni dobleces y exigir lo mismo en cada conversación para hacer oídos sordos a las  excusas tontas, a los ofrecimientos falsos de estoy pero no, te cuido pero mi ombligo va antes, a la empatía que no existe, a los abrazos sin fuerza y a los te quiero gratuitos... Para ver los hechos sencillamente sin engañarnos, sin ningún otro cristal que el propio, limpiado por nosotros mismos en un momento de lucidez y caída del guindo. 

Pero claro, en esta visón, -la de esta que escribe- hasta qué punto eso es verdad o mentira, puede que en término medio como en la comedia En esta vida todo es mentira y todo es verdad... Queridos míos, sí, de nuevo estáis en lo cierto si pensáis que sólo trato de buscar un argumento que justifique el caos que me zozobra a diario, los duelos que batallo en silencio, la ansiedad que me produce la falsedad que me demuestran. 

También, por supuesto, podéis pensar que, - parafraseando a Bucay- estoy empezando de verdad a "amar con los ojos abiertos", que estoy empezando a conjugar el verbo "darse cuenta" y poniendo un tic ✅ a lo que sí y a lo que no; que estoy empezando a encontrar una razón, un clavo ardiendo o no, una piedra qué levantar para seguir excavando, para agarrarme fuerte y para salir de mi caos: enfocándome, valorándome, limitando y priorizándome, siguiendo a la otra Alicia. 

La realidad
                 No es como a mí me convendría que sea.
                 No es como debería ser.
                 No es como me dijeron que iba a ser.
                 No es como fue.
                 No es como será mañana.

                                                                   Jorge Bucay. Cuentos para pensar

Puede que no sea un cuento, ni una comedia. Todo es mentira o todo es verdad, qué más da....Mentira, o verdad, aquí seguiremos, en nuestro papel, y aunque no me guste el anglicismo: chequeando sin miedo la vida que nos toca. 

Pero sobre esto, queridos míos, ya hablaremos en  otro momento. 


martes, 19 de mayo de 2026

La otra Alicia


Esta vez llegó hasta un gran lecho de flores bordeado de margaritas con un enorme acebo en el centro.

—Oh, Lirio Atigrado —dijo Alicia, dirigiéndose a uno que se mecía al viento con garbo—, ¡ojalá pudieras hablar!

—El hecho es que sí podemos —dijo el Lirio Atigrado—, siempre que haya alguien con quien valga la pena hacerlo.

            Lewis Carrol,  Alicia a través del espejo: 



Desde pequeña me han fascinado las flores. Recuerdo, -y alguna foto por casa hay de esta rubilla de ojos azules que escribe- de ir alguna tarde a  la Jutanilla con mi abuelo Paco y mis padres, y  mientras los mayores charlaban de sus cosas yo era feliz, no necesitaba más que allí charlando con las flores en el campo silvestre de margaritas, de "canarios" (que mi abuelo llamaba a esas flores silvestres amarillas que crecen por allí a su antojo) o de "corazón de Jesús" (aquellas otras,  moradas, muy pequeñas y pegadas al suelo como alfombra malva poética). Y la amapola, siempre: mi predilecta, ya sabéis,  portada de mi primer poemario azul, lo delicada y frágil y con  la fuerza de crecer sola en los lugares más inhóspitos e insólitos que nos podamos imaginar. Y para imaginación, claro, la de Alicia, sí la de "wonderland", claro y pensaréis queridos que aquí viene la relación con el fragmento que abre el post, en esa capacidad mía de "mayor" de charlar siempre tanto ("por siete", que dice mi madre), hasta con las flores o lirios atigrados; o más que capacidad tal vez se convierte en necesidad. Veamos... 

Lo que nos parece de primeras un libro de niños (como pudiera ser El Principito y muchos más por el estilo, e incluso Platero y yo) sencillamente no lo es. Porque el mensaje central de Alicia en el País de las Maravillas es algo más profundo entre conejos, sombrereros y reinas de corazones: la transición de la infancia a la madurez, aceptando el caos y el absurdo del mundo adulto. La obra invita a mantener la curiosidad, la identidad y la imaginación frente a la rigidez social, aprendiendo a tomar decisiones propias y confiar en uno mismo. Casi ná, el "cuentecito" de Carrol...  

Y si esto lo acerco al mundo incierto que ven mis ojos, al mundo que está patas arriba en este justo momento, al mío, en el que reina el caos puede que yo sea en parte como alguna de las Alicia del escritor inglés: en plena adaptación, en plena búsqueda de mi camino, tal vez cuestionándome quién soy para poder seguir, y en este blog, sí,  echo imaginación y curioseo en lo absurdo de muchas situaciones, convencionales o no que me van pasando en la vida. Y en estas páginas, resulta que- como dice el lirio atigrado- hablo con alguien que vale la pena hacerlo: una del mismo nombre es amiga fuerte y valiente que siempre está (algún día os la presento); la otra está afuera de todo pero es  un descubrimiento  para mí, es lugar seguro donde consigo eliminar  prejuicios y reparos, sin necesidad de diván ni hipnosis, con la tranquilidad de poder hablar siendo yo misma, como aquella niña rubia de ojos claros... Ella es eso, la otra Alicia a lo Carrol: la que por momentos se convierte en el Gato de Cheshire: "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente" y me hace ENFOCARME y a ACEPTARME como soy porque "Aquí todos estamos locos"; o como el Sombrerero Loco que  me invita a seguir aprovechando ciertos recursos propios como pintar o escribir en este mismo espacio para encontrarme: "No pierdas tu muchosidad" y VALORARME en  aquello que me hace única; y ella es quien me pone en el tablero, de ajedrez o no, las herramientas que necesito ahora para PRIORIZARME y tener claro el PROPÓSITO que me guíe: "Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí" (de nuevo el Gato), sin olvidar la importancia de poner ciertos LÍMITES dentro de mi control, para conseguir caminar en PAZ, en la mía propia. Puede que penséis y con razón que todo está en mí, como al leer a Carrol que todo era un sueño de una niña de la Inglaterra victoriana, tal vez. Sin embargo, os aseguro,- queridos míos-  que en este tiempo incierto, en medio de mis caos y los sinsentidos de la vida, hay martes como éste me siento un poco más segura y aliviada con ella, con mi otra Alicia. 

viernes, 8 de mayo de 2026

Cuando no sale

De Jordi Labanda, en Martin Ceballos 
 
"No me sale". En los años de la Escuela, recuerdo que mi maestro de pintura de niña, el gran Pepe Delgado, nos insistía en que esa expresión  típica de aquel tiempo ante sus correcciones y con la que  alguna manera justificar que el cuadro no era el correcto, adecuado ni el esperado debíamos desecharla de una vez porque no era real. Su respuesta era simple y contundente: "Alcázar: observa, observa". Esto era: mira por ti mismo el modelo  y vuelve a  intentar, hasta que "salga". Pero no, queridos míos, no voy a hablaros de mi experiencia pictórica de aquellos años por más que me encanta recordar adonde fui feliz. Quédense con ese "no me sale" que en muchas ocasiones también justifica muchas cosas que "pintan" demasiado sobre cómo cada uno es, o cómo se nos ve ante lo que decimos y realmente hacemos, o tal vez cómo yo veo: 

No me sale decir te quiero sin que me lo digas.

No me sale escribirte qué tal, queriendo.

No me sale preocuparme más que por mi ombligo. 

No me sale echarme para adelante, caminar a tu lado.

No me sale acordarte de ti y echarte de menos.

No me sale posicionarme y apoyarte.

No me sale esforzarme y cuidarte. 

No me sale pensar en tí como tú quieres. 

No me sale estar más allá que para una cerveza.

No me sale ser valiente y AMAR.

No, no  me sale... 

Como decía Pepe, "observa". Sí, y si observamos de cerca todos estos pretextos de "no me sale", sencillamente son solo eso y acabamos en la conclusión equivalente al refrán siempre sabio "donde no hay, no se puede sacar" que dice la IA que  significa "que no se puede exigir, esperar o conseguir algo de quien carece de los medios, la capacidad, la inteligencia o la voluntad para darlo. Es una frase que denota aceptación ante la falta evidente de algo". Y ahí está la clave, sin menospreciar la capacidad o inteligencia de cada uno (Dios me libre, pero "Intelijencia dame el nombre esacto de las cosas" que diría el moguereño), en la "voluntad para darlo", porque cada uno no da lo que tiene o lo que es sino lo que quiere dar y es; ahí, de manera clara se justifica que sencillamente no se quiere que salga:  que la persona a la que no le sale realmente no quiere decir te quiero sin que uno se lo diga o se lo pida; que no quiere escribirte qué tal porque no lo siente; que no se echa para adelante porque no le da la gana; que no te apoya ni te cuida ni te piensa porque de verdad no quiere más preocupación que su propio ombligo;  que está sí, pero para todas las cervezas que caigan, como si eso fuera un verdadero gesto de valentía porque realmente no conoce ni sabe ni entiende ni practica amar en el sentido amplio del verbo.  

Y claro, -siguiendo al maestro al que he hecho protagonista del post-, no queda más exigencia que para con nosotros mismos: corregir y apartarnos de ahí, -tornando los ojos si hace falta-, para darnos cuenta de que ahí no es el lugar ni la persona con la que ser feliz; porque ya sabemos: donde no sale, no hay, y ante estoo corregimos nosotros, o sencillamente tiramos el lienzo a la basura y comenzamos de nuevo en otro sitio y con alguien distinto sin esperar más para no morir en el intento. Porque sí, porque estamos en la vida un ratito como para invertir tiempo y esfuerzos en lugares vacíos y personas cobardes que sencillamente no nos aportan pinceladas que completen el cuadro.  

viernes, 1 de mayo de 2026

Cumplir años no siempre sienta bien

Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43. 

Sí, cada año, el dos de mayo (o sea, mañana mismo, día patrio y goyesco donde los haya y en el que nació la que escribe...casi ná),  me zozobra el ánimo,- por sentimientos encontrados por querer celebrar pero no nada especial , o sí,  pero sin sorpresas sin dejar nada a la improvisación;  por la autoexigencia mía enfermiza de tenerlo todo controladito y nada tengo; por la nostalgia que me corroe y el tempus fugit que me persigue y, qué queréis que os diga,  muchas cosas  más que sabéis los que me leéis-, ahora justo en este momento, - en el peor de mi vida hasta ahora- en el de los 43 que me acechan, no es que me siente mal  el numerito es que estoy llena de "tremendismo": acompañando a lo triste y lo sola que me siento. Supongo que no hay peor cosa, o así lo veo yo que cumplir años con el mundo, el mío, más patas arriba que nunca, a sabiendas que ya nada es igual. 

Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43. 

Que sí, que hay que celebrar no los años sino la vida que vivimos, que disfrutamos y sentimos, Que sí, que seguro que no es para tanto y tengo gente alrededor que está deseando brindar conmigo 43 veces si hace falta (recalquemos el "brindar" = pa' a eso todo el mundo está). Que sí, venga, que una vuelta al sol es una nueva oportunidad para ser feliz y soñar...   Pero que no, que me enervan esos topicazos de los días de cumple, que me volvería mínimo a los 42 con tal de no estar en este justo momento y sentirme como me siento, aunque claro no era consciente de lo importante. No es que fuera el mejor de lo años pero sí supera a este en lo poco positivo que hubiera. O a los 40, - antes de septiembre, claro, donde empezó todo, hasta este blog- un año crucial pensaba lleno de sueños y proyectos, ávida por cumplir y que, ya sabéis, quedaron en nada, en agua de borrajas como suele decirse, en el tintero o en el cajón olvidados. 

Sí ya sé que estáis pensando: que soy una contradicción en estado puro (que sí, estoy echarcoño). Pues supongo que es lo que conlleva cumplir 43 en estos meses de locura y en los que la vida nos ha cambiado demasiado, justo el último de esta década en que aún podemos darle le vuelta y sonreír, antes del abismo del capicúo y de suma sin retorno. Que sí, que toca adaptarse, que no hay otra (maldita frase), pero qué queréis que os diga: mañana cumplo 43, quiero que sea un día normal, como otro cualquiera, sin grandes celebraciones ni brindis falsos, sin decepciones que se sumen, ni escuchar palabras  o miradas que me hieran. Quiero cumplir 43, y quiero seguir sumando contradicciones: quiero dormir y poder volver a soñar, quiero estar aquí y allí, pero estar, amando y amándome, sin echar ni echarme de menos; pero también quiero perderme y no volver adonde realmente no soy feliz ni con quien no aporta,  sepa o no la parada del autobús del numerito; y yo lo que quiero corazón cobarde, es que mueras por mí, que diría Sabina... Lo que yo quiero es poder sentir que todo está bien en el sentido amplio del adverbio. 

Cumplir años no siempre sienta bien, yo mañana cumplo 43. Y no, todo no está bien. 

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Ayer, Euforia, grande y vigorosa,  cabalga Angustias hoy por los desiertos inertes,             baldíos,                            extraños...