Ayer, Euforia, grande y vigorosa,
cabalga Angustias hoy por los desiertos
inertes,
baldíos,
extraños,
solos.
Carmen Alcázar: "EuforiAngustia" en Hacia lo etéreo.
Electrocardiograma. La vida no es más que nuestro electrocardiograma, con sus subidas y sus bajadas que van alterando nuestro mundo, incierto por supuesto. Este blog mismo da fe como un notario sin un euro en la cartera pero en su papel de corroborar cualquier "chorrada" sobre la que se me ocurra filosofar: si releyéramos cada uno de los post hasta el momento, se trata justo de eso, de la representación por escrito de la frecuencia cardiaca de quien escribe; unas veces más alterada y con picos fuertes y otros vuelcos, otras más aplatanada hasta los bajones intensos que parecen difíciles o imposibles de superar. Porque si hiciéramos un diagnóstico de mi electrocardiograma más actual, es claro y conciso: desde los picos más bajos y hundidos de febrero, -del peor momento de la vida, por el momento claro, como la coletilla pesimista pero real también- y desde luego el que mejor se ajusta al título del blog en eso de todo "patas arriba", he encontrado cierto remanso siguiendo el gráfico del latido, sin evitar que vaya subiendo el vagón a lo alto y esté a punto de encarar una nueva cuesta hacia abajo con más o menos freno.
Y claro, ahí en el borde de nuestro abismo, tenemos esa sensación de que- a pesar de lo avanzado, a pesar del trayecto recorrido y de nuestra lucha en cada tramo- bajamos; retrocedemos sobre nuestros pasos, vamos inevitablemente para atrás. Hablando con la otra Alicia hace unos días analizábamos esta sensación y cómo gestionarla. Porque es lícito sentirla, por supuesto. Es más si lo pensamos un poco, es lo lógico, si seguimos la imagen del electro del principio. Y os digo más, se hace hasta necesaria, pues también. Porque la vida, como el electrocardiograma que nos mantiene vivos y nos bombea la sangre por el cuerpo, no es constante, no es uniforme (y gracias, porque plano ya sabemos, no tendríamos mucha solución...); la vida va cambiando como hemos hablado, claro, va subiendo y va bajando, "la vida viene y va, y que no se detiene, y qué se yo" - que diría el del Corazón Partío. Y esto queridos míos, no se puede obviar; no podemos ir de ilusos y cegatos por la vida pensando en aquellos mundos de yupi en que todo es maravilloso, rosa y brillante en todo momento, y menos de "ea, ya pasó y ya no caigo más, ya no voy a ir para atrás". Lamentablemente os informo, queridos míos, que eso es imposible por más que se intente.
Hacia atrás ni para coger impulso. Esta frasecita típica tópica de los "valientes" no nos viene al caso, al menos al pie de la letra. Significa seguir adelante, sin vacilar ni arrepentirse jamás. Se usa para dejar claro que, una vez tomada una decisión o iniciado un proyecto, no existe la opción de rendirse ni de retroceder, ni siquiera para agarrar fuerza. Pero es que es inevitable ese vacile aunque sea mínimamente en un momento determinado por una circunstancia u otra o por los planetas que se alineen en un instante, ese dudar de hacia donde vamos y en un paso mínimo retroceder. Y la clave aquí está justo al final del dicho: coger impulso, la fuerza. Ahí está, lo positivo en la caída -que también lo tiene oye, como todo-: está en que en este trayecto cuesta abajo con más o menos freno y más o menos largo vayamos equipados de las herramientas necesarias para coger ese impulso lo más rápido y menos doloroso posible, para subir de nuevo, para seguir gestionando las piedras, para echar para afuera cuando no nos aporten, para deshacernos por la ventanilla aunque sea de las que nos pesen demasiado y sólo quedarnos con las que vayamos a necesitar en nuestra escala, sin sentirnos culpables ni tener miedo del camino que llevamos a cabo. Y justo aquí, viene dos "piedras angulares" que solemos llevar en los bolsillos en mayor o menor medida dependiendo del momento vital: el miedo y la culpa, las que realmente nos paralizan o nos ralentizan o nos echan, -¡bingo!- para atrás. Y claro, cómo, cómo combatirlas, como echarlas para afuera como decíamos antes por la ventanilla aunque sea... Pues, queridos míos, no queda otra (maldita frase esta que me persigue) que ante el miedo y la culpa -de soltar, de caer, de perder, de equivocarnos, etc.- tenemos que luchar de frente y con nuestros propios miedos y nuestra propia culpa en los bolsillos para lograr mantenerlos a raya eso sí poco a poco, a nuestro ritmo, en nuestras bajadas y subidas, en nuestras idas y venidas, para adelante y para atrás.
Así que, queridos míos, puede que sí, lo reconozco, - para qué, pues porque me da sencillamente la real gana- que en las últimas semanas me haya sentido andando a contrapie o dando pasos para atrás, pero sin embargo, ese para atrás del que hablo está "trabajado" y "asumido" como veis, sencillamente porque sí, porque sólo ha sido para tomar impulso y seguir bombeando. Y latiendo.
