viernes, 6 de febrero de 2026

Rendirse


La rendición de Breda o Las lanzas es un óleo sobre lienzo pintado entre 1634 y 1635 por Diego Velázquez
que se conserva en el Museo del Prado de Madrid desde 1819


La mayoría de las veces, si pensamos en nosotros mismos, conscientemente, y seguimos directrices optimistas y fuertes que tanto se llevan ahora por aquello del coaching (y oye, qué necesarias son para el seguir haciéndonos los fuertes, y aquel "no queda otra"...) nos empecinamos en ese "no, no me rindo, no me lo permito", asi de "persistentes y tozudos", porque como alguien me dijo hace unas semanas "lo más bonito está por llegar"; como a la rana de Bucay, la que no se rindió y consiguió volver alegremente... Pero, otras, sin embargo, caemos en la tentación sea la que sea, y nos rendimos,- pues eso-, a la primera, así de fácil, de cómodo y sencillo. Y ahí, ¿qué? ¿perdemos el norte?, tal vez... Porque cuando una se rinde, las ganas de comernos el mundo se acaban; y el aguante y la paciencia, también. Y no hablo de rendirnos en lo profesional, en lo mundano y divino, que también; hablo de no rendirnos entre nosotros,  para una misma  y para con los demás; y eso como podéis sobrentender no hay tanta distancia entre una parte y otra de la rendición; antes al contrario. 

Si pienso en "rendirse", no sé vosotros, queridos lectores níos,  pero a mí se me agolpan distintos "hipertextos mentales" para que de alguna manera me dan para desarrollar y reflexionar hacia donde quiero ir en este post. Automáticamente en mi mente aparece una imagen, -y me voy al Barroco, casi ná-: la Rendición de Breda, del bueno de Diego Velázquez (abro inciso: de niña y adolescente, me fascinaba, releía un  librito pequeño sobre este maestro que compré en la Feria del Libro de Nerva y en el que explicaban cuadros como el Aguador de Sevilla, Las Hilanderas... Nota mental: buscar la próxima vez que vaya a casa)  y que nos  muestra  una vez más una ruptura con la tradicional representación del héroe militar y de la rendición del derrotado, representado normalmente el primero erguido sobre el derrotado, humillándolo. Velázquez y su otro mundo es posible, con las lanzas ya  paradas, quietas y pacientes ante esa esperanza que se abre y nos sostiene para seguir, ya rendidos sí, pero juntos, hacia otra etapa, puede que ni peor ni mejor, sencillamente distinta.

Y de Breda nos vamos a Uruguay, porque si por un momento pronunciamos un "No te rindas", echamos mano irremediablemente de Mario Benedetti nos lo pedía en sus versos más afamados, y qué queréis que os diga, no hay forma más bella, más intensa: "aunque el miedo muerda/ (,,,)", porque siempre hay esperanza, siempre habrá poesía  si "aun hay fuego en tu alma/ aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo (...)" "porque no estás sola/ porque yo te quiero". Y ahí voy, al querer, al amar y todo lo que nos conlleva, en uno mismo y al que tienes cerca, ya sea amigo, amante o compañero. Porque AMAR (y amarse)  con mayúsculas y subrayado con fluorescente si hace falta, conlleva intrínseco el no rendise nunca- jamás, con uno mismo y con el otro. 

AMAR (y amarse) conlleva no rendirse: aguantar (y aguantarnos) las caídas y subidas, de ESCUCHAR doscientas veces el mismo problema y no aburrirte nunca (ni mucho menos soltar una fresca, o mirar hacia otro lado). 

AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y mantener las GANAS de vernos, por mucho lío que tengamos, "ocupados estamos todos", porque cada día es un día nuevo y amanece llenos de posibilidades para uno y para con el otro. 

AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y EMPATIZAR con uno y con los demás, con la situaciones que cada uno vive y la manera de gestionarla que se nos viene, entendiéndonos, Y esto, lo sé, os comprendo, es una empresa difícil hoy en día, dado el ombliguismo que nos supera, que no nos deja ver más allá, y eso en realidad es lo que hace no que nos rindamos pronto, sino que en realidad no seamos capaces de amar. 

AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y ser VALIENTE para afrontar lo que venga, juntos de la mano, con todas las respuestas anteriores siendo correctas, 

Sin embargo, cuando finalmente nos rendimos, no importa el tiempo que hayamos durado en pie, si un día o cincuenta años; cuando nos rendimos sencillamente no amamos, dejamos de hacerlo: dejamos de aguantarnos, dejamos de escucharnos, dejamos de tenernos ganas, de entendernos, de necesitarnos Que sí, podemos buscar argumentos y voces que se suelen escuchar incluso: "es que siempre no se puede estar ahí. es que uno se cansa de tirar, de llevar las riendas, de escuchar siempre lo mismo, problemas tenemos todos, la vida es corta y tengo que vivirla sin tanto pensar o en nadie..." y que no son más que unas excusas para no ser valientes y para dejar  pues de AMARNOS, casi sin darnos cuenta. Y sin más parapetos cambiamos los versos finales del uruguayo, "cedemos" y los sentimos. "porque estás sola, porque yo no te quiero". 

Y ahí, queridos y queridas, no hay nada que hacer ni que escribir, las lanzas se disparan solas porque ya no hay riendas de las que tirar; porque tal vez están descompensadas de una parte, o de las dos (para qué humillar al derrotado o al héroe)  y se han resquebrajado todo; porque ahí uno, los dos-  o ambos-  han caído del guindo y sencillamente se deja de ESTAR en  lo amplio de la acción y el efecto sobre todo; porque es ese justo  momento, -porque no quiero sentirme sola y porque quiero quererme-, en el que YO ME RINDO. 





viernes, 30 de enero de 2026

No queda otra

En Alcázar Domínguez, C: Mirada Azul. Huelva, Diputación de Huelva y Ayuntamiento de Nerva, 2013.
 (Ilustración: Ángeles Cadel)

"No queda otra". Últimamente, es una frase hecha recurrente en la mayoría de mis conversaciones. Y, qué queréis que os diga, le estoy cogiendo hasta "tirria" que decimos por aquí - o manía o roña o inquina, como prefiráis en un ejercicio de sinonimia. Pero se me antoja analizar la dichosa frasecilla, más allá de lo lingüístico claro, más bien  en lo pragmático a buscar en las intenciones de lo dicho porque tal vez  se me da mejor , porque las intenciones llegan más y me valen más y, porque al final lo que voy, a pensar más, quizás sea eso, lo de pensar demasiado, inmersa en este tiempo incierto... Puede ser, pues eso: "no me queda otra".

Por un lado, estoy de acuerdo en que podamos encontrar un "no queda otra" en positivo, en un contexto del autoconvencimiento necesario para poder salir "palante", porque es verdad que hay que hacerlo, que la vida - esa efímera que se nos va querámos o no, y tan corriendo...- nos lleva al avance sea como sea, pero no se detiene, y a la inercia, el día que sea, cuando sea, de seguir caminando... 

Hablando de "inercia", en esta "hipertextualidad" constante que mi cabeza vive y sufre, se me viene el poema  de mi Mirada Azul  que encabeza este post y en el que mis versos hablan justo de esto, con un ritmo frenético como el que vivimos, con acciones que se contradicen, que no paran, que caen y suben, que vienen y van... con lo que podemos llegar a pensar en que como las mariposas blancas de Juan Ramón o las oscuras golondrinas de Bécquer, "todo me vuelve" y por tanto  lo recurrente que es la idea que intento transmitiros en este "no me queda otra". Y que por cierto, en esas "correspondencias" (mis respetos a Boudelaire), atención a la ilustración de mi gran amiga y admirada Ángeles Cadel: sí, capttó a la perfección el tiempo incierto de mis versos: cayendo al vacío y "patas arriba" como este espacio bloguero... 

Pero claro, pienso que también puedo encontrarle el menos positivo ese de "es lo que hay, me aguanto y punto" y ¿qué? ¿no se lucha?, y ahi nos quedamos en ese camino, porque sí, porque estamos sin otra ¿opción mejor? Esta claro que esa es  la  formula más sencilla, más cómoda seguro, y yo ahí cortocircuito. Y me "rebeldeo" conmigo misma (si existiera ese verbo, señores de la RAE). Porque está claro que a veces las peores batallas se libran en los adentros de una, de seguro porque de alguna manera sé que salgo herida, salgo perdiendo, fuelle, y fuerza...Y justo ahí en ese momento, en el que todo parece perdido y sin salida, vendría casi por inercia protectora el otro "no queda otra"; sí, el de autoconvencimiento para después lamerte tus "pupas", pero con el riesgo evidente de que quedarán cicatrices en un momento dado tan profundas que haya soluciones demasiado radicales y... cobardes, vamos a decirlo también. 

No sé qué pensaréis, queridos lectores míos, puede que no entendáis del todo por dónde voy, a veces ni yo lo sé, o tal vez del "tirón" penséis lo lógico leyéndome "esta muchacha está echarcoño" que decimos en mi pueblo. 

Probablemente tengáis razón, a todo,  pero ya que estáis por aquí "no os queda otra", queridos, que aguantarme, leerme entre líneas y pensarme: 

 Que no os queda otra... o sí. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

El poder del abrazo



"Dice la tradición que cuando abrazamos a alguien ganamos un día de vida". Pablo Coehlo 


Nacer, vivir y morir solos. Es nuestro sino por más que "romanticemos" nuestra existencia, la edulcoremos cuando nos convenga o nos pongamos vendas más o menos opacas en nuestros ojos.  Lo cierto es que desde las primeras luces, en ese primer arropo al salir a la vida, sentimos el calor del primer abrazo, más allá de los ropajes con el que nos cubran. Evidentemente, no lo recordamos siquiera pero estoy segura de que se nos ha quedado impregnado en la memoria de lo sentidos, ahí  indeleble y de manera casi innata,. Y es por ese instante por lo que a lo largo  de los años vamos buscando ese "ganar vida" de Coelho aunque por momentos nos parezca que somos un Mario Bros venido a menos con pocas monedas hacía las que saltar, muchas tuberías enredadas que arreglar y demasiada torpeza para evitar caer al vacío. 

Es nuestro sino, y sí, lo sé, también hay otros abrazos insulsos, muchos de "bienqueda", demasiados; son los que duran menos de un chasquido de dedos, que se evaporan casi al tiempo que se rozan los cuerpos, que se sienten lejos por más que se aprieten los brazos. Son esos, los que no nos sirven de mucho, sólo para ese darse cuenta necesario, para ese vivir con los ojos abiertos sabiendo quién es quien en ese simple gesto del abrazo. Pero estos son más fáciles de obviar para seguir viviendo, y  no, aquí no puedo ni quiero evitar "romantizar", porque vivimos buscando sencillamente los otros: esos abrazos adonde quedarnos a vivir: 

En los abrazos que sanan, que te contagian de energía y fuerza para seguir, con la intensidad justa y necesaria para el momento. 

O en esos  abrazos espontáneos y duraderos, que parten del silencio y la escucha atenta, de la empatía que emana del amor sincero  y la amistad de verdad, que nada esperan y todo dan, esas que poco se entienden hoy. 

En aquellos abrazos que no miran el reloj y se revuelcan en la arena que cae,  donde se para el tiempo en el sentir de los cuerpos

Y en esos abrazos que salen de los ojos brillosos, del mirar por dentro, y del llorar ahí, con ese consuelo que no se pide y sencillamente se da, donde nadie duerme y donde el amor deambula imsomne. 

Nacemos, vivimos y morimos solos. Es  nuestro sino, por más que "romanticemos" la existencia para que con uno de estos abrazos, sea el que sea, nos haga la vida más llevadera. 


martes, 25 de noviembre de 2025

Tempus fugit


Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum captivcircumvectamur amore”.
VIRGILIO, Geórgicas, III, 284-285

(“Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles)



Tempus fugit. Hace unas semanas, elegí conscientemente varios poemas que bien podría valer de post aquí en mi mundo incierto, entre el caos y el Tempus Fugit. Precisamente un poema titulado con esas palabras en latín en mi intervención en el Otoño Poético en Nerva no podía faltar, de hecho nunca falta entre lo que escribo (hasta en las dedicatorias a mano de mi Mirada Azul en todo aquello lo que nos une, en "nuestro propio tiempo"). Porque es mucho más que un tópico literario, porque no es más que esa obsesión que nos persigue a  los hombres y las mujeres justamente desde que lo somos, desde tiempos ancestrales, desde que pensamos y nos percatamos de la valía del tiempo, el nuestro, el de nuestra existencia. Se nos escapa, decía en alguno de sus versos. Y tanto... Supongo que cuando  vamos creciendo, más conscientes somos de que se nos va la vida.

Mi infancia son recuerdos de mi tata (...) También en el Otoño, desempolvé el poema de mi tata, ("Regina") de la imagen de su patio con ese aire machadiano; desempolvé a esa niña que sigue ahí mirando a esa puerta como si fuera la suya cuando llego a casa, a sabiendas de que ni existe ya el patio y hasta ha cambiado de dueños la vivienda, a sabiendas de que ella se llevó un trozo preciado de mi infancia cuando miraba a las estrellas creyendo ver almas brillando en ellas. 

Una siempre vuelve adonde fue feliz... Y con quien lo fue, pero qué pasa cuando ya apenas queda nadie en ese lugar, me planteo. Cuando cumplí cuarenta en el típico- tópico encuentro de "quintas" fue una de las primeras veces en que caí en la cuenta de esta idea y hasta lo comentamos en la sobremesa. Porque a veces en aquel lugar ya faltan demasiadas personas con las que te has criado o han sido parte de tu aquellos días aunque fuera de lejos o sin pensarlo porque ni siquiera eran de tu entorno más cercano pero que estaban en las pequeñas cosas que te rodeaban: padres, abuelos o familiares de las niñas o niños con quien jugabas por las tardes o en el patio del colegio;  rostros que llevas asociados a esas niñas y niños  siempre,  y que ya mujeres y hombres  cuarentones  como yo tienen de por vida esa ausencia irremplazable. Y justo ahí, en ese momento, caes en la cuenta de que nos hacemos mayores y es inevitable volver al comienzo, al maldito tempus fugit de nuevo. 

(...) y de la vida que se agota,
y se muere
                    a destiempo.

Y más triste resulta evidentemente cuando se te va alguien cercano, no importa la edad de su partida, porque siempre nos parece a destiempo, porque es de esos que no me faltaban en ninguna imagen de niña, de los que siempre estaban en las llamadas "BBC", en cada reunión familiar, que no faltaba tampoco o me llamaba en cada evento poético o no que yo misma protagonizaba, mirándome siempre como tío orgulloso de tener mi mejor cuadro, -suyo siempre-, colgado en un sitio privilegiado de su salón en Riotinto. 

Que sí, ya lo comprendo
                                         - tan joven ya no soy-, 
que se va delante de nuestros ojos
sin remedio, - así tan en serio- (...)

Y nosotros, de mientras, pues eso, en nuestro caos y nuestro tiempo incierto, perdiendo la vida  y el propio tiempo en cosas anodinas, preocupándonos sin ocuparnos apenas,  en  enfados y orgullos  tontos, en absurdos golpes de pecho, en el "y tú más"... y esperando que llegue alguien que nos salve, que llegue el momento justo para esto o para aquello.. ¿el momento de qué? Claro que llegará, tal vez sin esperarlo siquiera y sin oportunidad de recular o atrasar el minutero,  y ahí, -queridos y queridas mías-,  posiblemente ya sea tarde para casi todo lo que pensamos y no hacemos. 

Por eso debería estar prohibido hacerse mayor, claro,  pero sobre todo  no se deberían cumplir años sin vivirlos, sin disfrutarlos con los nuestros,  sin valorar que la vida es una, que es un ahora que se nos escapa y nos mata así, poco a poco, y sin pedirnos permiso. 


 

martes, 7 de octubre de 2025

Discard

B&B



Descartar: (de des y carta) 1. Excluir o eliminar a alguien o algo. 2. Rechazar, no admitir algo. 3. En ciertos juegos, dejar las cartas que se tienen en la mano y se consideran inútiles, sustituyéndolas con otras tantas de las que no se han repartido. 4.Dicho de una persona: Excusarse de hacer algo.


"Descartada". Últimamente es una de las palabras que más me encuentro, y me sirven todas y cada una de las acepciones de la RAE en más de uno, y más de dos ámbitos de mi alrededor. . 

Descartada la oportunidad . Recalo cada mañana en portales de empleo y es la respuesta estrella. ¿Preparada? Claro, no voy a venirme a menos: la mitad de mi vida estudiando (por no decir toda, a "full" estos dos últimos años y ahora con mil cursos entre mano), años de experiencia trabajando en un sector, acotado (mucho, demasiado) pero implicada, dejándome la piel y el sueño que aún no recupero. Y ahí sigo, como tantas y tantas, excluida, eliminada de procesos de selección, dejando mis cartas en el cajón y considerándome eso, inútil, para ya cualquier otro sector en lo que no tengo experiencia claro y en la que simplemente descartan la oportunidad. 

Descartada la posibilidad. Las previsiones no son buenas, al menos de momento, de que nuestro futuro más inmediato sea algo más fácil que el presente, y que estos dos malditos años. Excluida la posibilidad de no adaptarse, toca estar en pie y seguir con lo que venga. Rechazada la posibilidad de rendirme y excusarme de hacer algo. Sí, a qué precio- me pregunto a veces y en las noches que el sueño no hace presencia. El destino nos dirá como aviarnos. 

Descartada la  expectativa. Evidentemente no soy perfecta, eso vaya por delante y a la vista está, pongo todas las cartas en la mesa siempre para quien la necesite para seguir jugando. Pero  tampoco vivo en la sopa boba a la espera de que todos juguemos la misma mano o se quiera seguir con la partida por el solo hecho de compartir ese tiempo y esa vida o queramos desplumarnos unos a otros. Descartada esa idea, será el destino  de nuevo el que haga también de las suyas descartando jugadores, por más excusas que pongamos y por más que siga en mi empeño de seguir jugando, sin excluir ni un momento la ñoña idea de sentirme sola en cualquier timba. 

Lo dicho, y como la viñeta: que en este ahora no se elige, que ahora SE DESCARTA... Y así vamos... 

martes, 23 de septiembre de 2025

De puntos, asteriscos y tildes

Era una de esas frases típica- tópica que, de broma o no tanto, solíamos escuchar y decir durante los años de instituto, - o al menos a mí me recuerda justo a entonces. En aquellos maravillosos años, los más venerados al paso del tiempo, todos alguna vez nos sentíamos así: "como asteriscos en fiestas de puntos". O viceversa. Eso sí, no importaba demasiado si lo éramos bailando a lo loco o dando tumbos en el pasillo sin conseguir llegar a la pista...

Supongo que hay veces en la vida que toca sentirse así por más años que pasen, tan desorientada como un asterisco o un triste punto que no acierta ni con las tildes. Porque la vida viene y bah, -como la peli-, y  a veces una no sabe para dónde tirar. Ni si quiera diría yo que hay aquellos crossroads, mis cruces de caminos de los que hablaba años atrás y mucho menos hay  baldosas amarillas ni magos; más bien lo que sí existe es un punto recurrente al que te parece volver una y otra vez por más que pruebe a alejarme o luche por llegar a otros más llevaderos y con más aire. Porque claro, en el camino una no va sola, o en realidad sí y lo sé, pero la mochila está llena de miedos, muchos - y de ciertos complejos por qué no- , pese a los caparazones absurdos, pese a que me sacuda mil veces los zapatos, porque hay piedras que se cuelan y difícilmente dejan de clavarse en mis dedos. Y entre tantos vienes y bah, hay veces en las que llega algo de luz, o eso creemos: autoespejismos del tipo "algo bueno hay para mí" o "siempre habrá alguien ahí a mi lado"... 

Pero no me engaño: esto de vivir, como el poema, "va en serio" y por si la cosa va de versos añado "Vive, joder, vive"... y mientras que "bah" y que viene, sí, sigo luchando, por mí y "por todos mis compañeros", por volver a sentirme en pie, profesional, valorada, con fuerza, para cuidar y amar, para seguir poniendo yo mi acento donde quiera, sin olvidarme caro las malditas tildes como puñal de oposición clavadito... Pero es inevitable, la incertidumbre y los tiempos que no son los míos pero que afectan al mío que "fugit" sin darme cuenta. 

Que sí, que en este aquí y este ahora, y por lo que viene y nos acecha: es inevitable sentirme así, como un asterisco en una fiesta de puntos.  


domingo, 23 de febrero de 2025

No me da la vida


No. No me da la vida.

Los 43 se me acercan sigilosamente, pero no me dan. Estoy llegando al punto álgido del agobio paralizante, o mínimo a la primera parada de ese sentimiento tan mío y tan habitual en las oposiciones,  en la sensación de que con tantos frentes abiertos no se sabe una para dónde tirar: temas, prácticas, programación, situaciones... Y a eso le sumamos claro, lo más mundano que tengo que sacar para adelante en mi día a día...

Siempre he necesitado días de 25 horas mínimo para escribir, pintar, vivir... ahora creo que de existir esos días "ampliados" no me darían tampoco. 

Que no, que no me da la vida, que el tempus fugit, esto es un ubi sunt y todos los tópicos literarios que podamos encontrar y por los que me entra mil dudas sobre mí y el universo que me rodea. Ergo existo,  pienso y siento, y vivo así sin vivir en mi.... 

Dentro de mi alma fue de mí engendrado... que sí, sr Garcilaso, ahí dentro de mí, escrito está en alma: tengo miedo. 

Rendirse

La rendición de Breda o Las lanzas es un óleo sobre lienzo pintado entre 1634 y 1635 por Diego Velázquez que se conserva en el Museo del Pra...