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| La rendición de Breda o Las lanzas es un óleo sobre lienzo pintado entre 1634 y 1635 por Diego Velázquez que se conserva en el Museo del Prado de Madrid desde 1819 |
Si pienso en "rendirse", no sé vosotros, queridos lectores níos, pero a mí se me agolpan distintos "hipertextos mentales" para que de alguna manera me dan para desarrollar y reflexionar hacia donde quiero ir en este post. Automáticamente en mi mente aparece una imagen, -y me voy al Barroco, casi ná-: la Rendición de Breda, del bueno de Diego Velázquez (abro inciso: de niña y adolescente, me fascinaba, releía un librito pequeño sobre este maestro que compré en la Feria del Libro de Nerva y en el que explicaban cuadros como el Aguador de Sevilla, Las Hilanderas... Nota mental: buscar la próxima vez que vaya a casa) y que nos muestra una vez más una ruptura con la tradicional representación del héroe militar y de la rendición del derrotado, representado normalmente el primero erguido sobre el derrotado, humillándolo. Velázquez y su otro mundo es posible, con las lanzas ya paradas, quietas y pacientes ante esa esperanza que se abre y nos sostiene para seguir, ya rendidos sí, pero juntos, hacia otra etapa, puede que ni peor ni mejor, sencillamente distinta.
Y de Breda nos vamos a Uruguay, porque si por un momento pronunciamos un "No te rindas", echamos mano irremediablemente de Mario Benedetti nos lo pedía en sus versos más afamados, y qué queréis que os diga, no hay forma más bella, más intensa: "aunque el miedo muerda/ (,,,)", porque siempre hay esperanza, siempre habrá poesía si "aun hay fuego en tu alma/ aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo (...)" "porque no estás sola/ porque yo te quiero". Y ahí voy, al querer, al amar y todo lo que nos conlleva, en uno mismo y al que tienes cerca, ya sea amigo, amante o compañero. Porque AMAR (y amarse) con mayúsculas y subrayado con fluorescente si hace falta, conlleva intrínseco el no rendise nunca- jamás, con uno mismo y con el otro.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse: aguantar (y aguantarnos) las caídas y subidas, de ESCUCHAR doscientas veces el mismo problema y no aburrirte nunca (ni mucho menos soltar una fresca, o mirar hacia otro lado).
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y mantener las GANAS de vernos, por mucho lío que tengamos, "ocupados estamos todos", porque cada día es un día nuevo y amanece llenos de posibilidades para uno y para con el otro.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y EMPATIZAR con uno y con los demás, con la situaciones que cada uno vive y la manera de gestionarla que se nos viene, entendiéndonos, Y esto, lo sé, os comprendo, es una empresa difícil hoy en día, dado el ombliguismo que nos supera, que no nos deja ver más allá, y eso en realidad es lo que hace no que nos rindamos pronto, sino que en realidad no seamos capaces de amar.
AMAR (y amarse) conlleva no rendirse y ser VALIENTE para afrontar lo que venga, juntos de la mano, con todas las respuestas anteriores siendo correctas,
Sin embargo, cuando finalmente nos rendimos, no importa el tiempo que hayamos durado en pie, si un día o cincuenta años; cuando nos rendimos sencillamente no amamos, dejamos de hacerlo: dejamos de aguantarnos, dejamos de escucharnos, dejamos de tenernos ganas, de entendernos, de necesitarnos Que sí, podemos buscar argumentos y voces que se suelen escuchar incluso: "es que siempre no se puede estar ahí. es que uno se cansa de tirar, de llevar las riendas, de escuchar siempre lo mismo, problemas tenemos todos, la vida es corta y tengo que vivirla sin tanto pensar o en nadie..." y que no son más que unas excusas para no ser valientes y para dejar pues de AMARNOS, casi sin darnos cuenta. Y sin más parapetos cambiamos los versos finales del uruguayo, "cedemos" y los sentimos. "porque estás sola, porque yo no te quiero".
Y ahí, queridos y queridas, no hay nada que hacer ni que escribir, las lanzas se disparan solas porque ya no hay riendas de las que tirar; porque tal vez están descompensadas de una parte, o de las dos (para qué humillar al derrotado o al héroe) y se han resquebrajado todo; porque ahí uno, los dos- o ambos- han caído del guindo y sencillamente se deja de ESTAR en lo amplio de la acción y el efecto sobre todo; porque es ese justo momento, -porque no quiero sentirme sola y porque quiero quererme-, en el que YO ME RINDO.
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