viernes, 30 de enero de 2026

No queda otra

En Alcázar Domínguez, C: Mirada Azul. Huelva, Diputación de Huelva y Ayuntamiento de Nerva, 2013.
 (Ilustración: Ángeles Cadel)

"No queda otra". Últimamente, es una frase hecha recurrente en la mayoría de mis conversaciones. Y, qué queréis que os diga, le estoy cogiendo hasta "tirria" que decimos por aquí - o manía o roña o inquina, como prefiráis en un ejercicio de sinonimia. Pero se me antoja analizar la dichosa frasecilla, más allá de lo lingüístico claro, más bien  en lo pragmático a buscar en las intenciones de lo dicho porque tal vez  se me da mejor , porque las intenciones llegan más y me valen más y, porque al final lo que voy, a pensar más, quizás sea eso, lo de pensar demasiado, inmersa en este tiempo incierto... Puede ser, pues eso: "no me queda otra".

Por un lado, estoy de acuerdo en que podamos encontrar un "no queda otra" en positivo, en un contexto del autoconvencimiento necesario para poder salir "palante", porque es verdad que hay que hacerlo, que la vida - esa efímera que se nos va querámos o no, y tan corriendo...- nos lleva al avance sea como sea, pero no se detiene, y a la inercia, el día que sea, cuando sea, de seguir caminando... 

Hablando de "inercia", en esta "hipertextualidad" constante que mi cabeza vive y sufre, se me viene el poema  de mi Mirada Azul  que encabeza este post y en el que mis versos hablan justo de esto, con un ritmo frenético como el que vivimos, con acciones que se contradicen, que no paran, que caen y suben, que vienen y van... con lo que podemos llegar a pensar en que como las mariposas blancas de Juan Ramón o las oscuras golondrinas de Bécquer, "todo me vuelve" y por tanto  lo recurrente que es la idea que intento transmitiros en este "no me queda otra". Y que por cierto, en esas "correspondencias" (mis respetos a Boudelaire), atención a la ilustración de mi gran amiga y admirada Ángeles Cadel: sí, capttó a la perfección el tiempo incierto de mis versos: cayendo al vacío y "patas arriba" como este espacio bloguero... 

Pero claro, pienso que también puedo encontrarle el menos positivo ese de "es lo que hay, me aguanto y punto" y ¿qué? ¿no se lucha?, y ahi nos quedamos en ese camino, porque sí, porque estamos sin otra ¿opción mejor? Esta claro que esa es  la  formula más sencilla, más cómoda seguro, y yo ahí cortocircuito. Y me "rebeldeo" conmigo misma (si existiera ese verbo, señores de la RAE). Porque está claro que a veces las peores batallas se libran en los adentros de una, de seguro porque de alguna manera sé que salgo herida, salgo perdiendo, fuelle, y fuerza...Y justo ahí en ese momento, en el que todo parece perdido y sin salida, vendría casi por inercia protectora el otro "no queda otra"; sí, el de autoconvencimiento para después lamerte tus "pupas", pero con el riesgo evidente de que quedarán cicatrices en un momento dado tan profundas que haya soluciones demasiado radicales y... cobardes, vamos a decirlo también. 

No sé qué pensaréis, queridos lectores míos, puede que no entendáis del todo por dónde voy, a veces ni yo lo sé, o tal vez del "tirón" penséis lo lógico leyéndome "esta muchacha está echarcoño" que decimos en mi pueblo. 

Probablemente tengáis razón, a todo,  pero ya que estáis por aquí "no os queda otra", queridos, que aguantarme, leerme entre líneas y pensarme: 

 Que no os queda otra... o sí. 

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En Alcázar Domínguez, C: Mirada Azul. Huelva, Diputación de Huelva y Ayuntamiento de Nerva, 2013.  (Ilustración: Ángeles Cadel) .  "No ...