Supongo que hay veces en la vida que toca sentirse así por más años que pasen, tan desorientada como un asterisco o un triste punto que no acierta ni con las tildes. Porque la vida viene y bah, -como la peli-, y a veces una no sabe para dónde tirar. Ni si quiera diría yo que hay aquellos crossroads, mis cruces de caminos de los que hablaba años atrás y mucho menos hay baldosas amarillas ni magos; más bien lo que sí existe es un punto recurrente al que te parece volver una y otra vez por más que pruebe a alejarme o luche por llegar a otros más llevaderos y con más aire. Porque claro, en el camino una no va sola, o en realidad sí y lo sé, pero la mochila está llena de miedos, muchos - y de ciertos complejos por qué no- , pese a los caparazones absurdos, pese a que me sacuda mil veces los zapatos, porque hay piedras que se cuelan y difícilmente dejan de clavarse en mis dedos. Y entre tantos vienes y bah, hay veces en las que llega algo de luz, o eso creemos: autoespejismos del tipo "algo bueno hay para mí" o "siempre habrá alguien ahí a mi lado"...
Pero no me engaño: esto de vivir, como el poema, "va en serio" y por si la cosa va de versos añado "Vive, joder, vive"... y mientras que "bah" y que viene, sí, sigo luchando, por mí y "por todos mis compañeros", por volver a sentirme en pie, profesional, valorada, con fuerza, para cuidar y amar, para seguir poniendo yo mi acento donde quiera, sin olvidarme caro las malditas tildes como puñal de oposición clavadito... Pero es inevitable, la incertidumbre y los tiempos que no son los míos pero que afectan al mío que "fugit" sin darme cuenta.
Que sí, que en este aquí y este ahora, y por lo que viene y nos acecha: es inevitable sentirme así, como un asterisco en una fiesta de puntos.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario