Éramos poetas, él mucho más que yo. Coincidíamos en algún que otro acto por la cercanía de la tierra que nos une, por la paz y otros otoños, pero su dilatada escritura era tanta como la fuerza en sus versos: donde se eleva su voz rebelde, tan inconformista y vital como sensible, tan empática que asusta de cómo logra llegar a removerte tan adentro. Mi admiración literaria y/o poética era, de primeras, inmensa y elevada, tal vez porque lo veía como un escritor límpido en el sentido más amplio que pueda entenderse, porque sus palabras, sus gestos al recitar, su manera de dirigirse a las personas, a mí cuando había ocasión, no me dejaban duda de que ante todo estaba ante una buena persona, especial y única que se reflejaba, sin más remedio, en todo lo que escribía.
Hace unos meses tuve la fortuna y la casualidad, -esa que llama a las casualidades que diría Rosa Montero en El peligro de estar cuerda- de recibir de sus propias manos en un encuentro casual en el paseo un libreto de poemas, uno de sus últimos publicados que si no recuerdo mal incluso traducido en Francia o algo así me comentó. La admiración que antes definía me llevó emocionada y ávida a leerlo nada más tuve un minuto de tranquilidad. E igual de rápido no pude esperar a mandarle mis impresiones, - ya sabéis, via wasap como ahora se hace todo- pero en la línea de lo que siempre abandero: sólo escribo lo que siento y si lo escribo es porque lo así lo siento, sin dobleces ni borrones, tal cual. Por eso aquí reproduzco aquel mensaje para que se entienda a Mario y lo que explico de su poesía que, como comprobaréis en este post- no es más que la prolongación perfecta de su ser:
"Amigo Mario. Esperando que abran la UCI, no he podido resistirme a una primera lectura deliciosa de tu Monstruos en flor. No me ha sorprendido para nada la verdad, porque es tan maravilloso como tú. Me fascina tu capacidad de ponerte en la piel de la mujer que sufre, esa capacidad de sentir como ella y transmitirlo haciéndonos sentirlo al otro lado. Eso, amigo, es algo único que no siempre pasa y que solo es propio de personas especiales, más allá de ser poeta o carpintero, por decir algo. Entre tus versos se percibe cómo eres, en cada letra y hasta en cada punto. Las ilustraciones se suman a ello, impresionantes también pero sin hacer sombra en un diálogo continuo y sincero como complemento perfecto, en suma constante a vuestras sensibilidades. "Ivory" por el azul, "Fly" por la libertad que todas ansiamos y luchamos, la llamada de atención de "Intimider", o la claridad de "Femmes" y el mensaje de esperanza y lucha son algunos que destaco y que me llegan adentro. Tú empatía y tus versos me recuerdan mucho a un conjunto de versos que hice ilustrando cuadros de una Expo del 25N, un pequeño poemario inolvidable guardado en el cajón de hace años pero que he reencontrado en los tuyos. Gracias por este momento de lectura ha sido un regalo tu librito. Pero sin duda tú eres mi regalo, amigo."
Si hasta ahora he hablado en pasado no es por casualidad, llamada a otra siempre como hemos visto. Pongamos que cuando éramos poetas, fueran cinco horas con Mario - con guiño al gran Delibes incluido. Porque, sin embargo, a finales de este febrero, no sólo éramos poetas, fuimos personas, y somos amigos. Y ahí no son esas cinco horas con Mario; ahí compartimos horas que parecían sempiternas mirando directamente a nuestros ojos, viendo y sabiendo mirar más allá de ellos, buscando abrazos que venían solos y llenos de un calor tan necesarios en la sala de espera de la UCI, tan vacía al paso de los días, en la soledad de pasillo adonde llorar y reencontrarnos intentando sacar aunque fuera una silueta de sonrisa en nuestro rostro. Y a veces. ambos conseguimos echar una leve risa que sabíamos que en ese justo momento era el verso más maravilloso del mundo creado entre ambos, tal vez en uno de lo peores de los tiempos compartidos.
Sí, puede ser verdad eso que dicen que en los peores momentos de nuestras vidas, existe cierto instinto de supervivencia o qué se yo, que hace que saquemos fuerza de donde creíamos que no habían ni quedaban ya. Pero lo que también es verdad es que en los peores momentos de nuestras vidas, - y éste lo es, de momento, y sobre éste ya hablaremos- te das cuenta de lo que hay, de lo verdaderamente importante, de quién está y quién no. En esto último,- importante en los últimos tiempos como conoce quien sabe leerme- evidentemente te sorprendes para bien claro, pero también para mal: te encuentras con quien no pensabas y vives la ausencia de quien esperabas, pensabas o querías que estuvieras en ese momento tan crucial para ti. Obviando a los segundos como se merecen, también aprendes a quedarte con lo bueno para siempre, con lo maravilloso de encontrarte con gente tan maravillosa como Mario, por casualidad o no, sin esperarlo ni tener porqué, que te regala más que un libro, un poema o un árbol -se me ha venido de repente el topicazo-;: te regala la elegancia de ser y estar cuando lo necesitas, insuflándote vida justo cuando te estas ahogando, convirtiendo ese aire en un verso tan sencillo y tan complicado para pasar los días que nos han tocado de la mejor manera posible, con un AMIGO, con Mario de horas infinitas, -por más que diga Delibes- y que nos unirá más allá de nuestro propio tiempo.
Sencillamente, GRACIAS, Mario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario