Esta vez llegó hasta un gran lecho de flores bordeado de margaritas con un enorme acebo en el centro.
—Oh, Lirio Atigrado —dijo Alicia, dirigiéndose a uno que se mecía al viento con garbo—, ¡ojalá pudieras hablar!
—El hecho es que sí podemos —dijo el Lirio Atigrado—, siempre que haya alguien con quien valga la pena hacerlo.
Lewis Carrol, Alicia a través del espejo:
Desde pequeña me han fascinado las flores. Recuerdo, -y alguna foto por casa hay de esta rubilla de ojos azules que escribe- de ir alguna tarde a la Jutanilla con mi abuelo Paco y mis padres, y mientras los mayores charlaban de sus cosas yo era feliz, no necesitaba más que allí charlando con las flores en el campo silvestre de margaritas, de "canarios" (que mi abuelo llamaba a esas flores silvestres amarillas que crecen por allí a su antojo) o de "corazón de Jesús" (aquellas otras, moradas, muy pequeñas y pegadas al suelo como alfombra malva poética). Y la amapola, siempre: mi predilecta, ya sabéis, portada de mi primer poemario azul, lo delicada y frágil y con la fuerza de crecer sola en los lugares más inhóspitos e insólitos que nos podamos imaginar. Y para imaginación, claro, la de Alicia, sí la de "wonderland", claro y pensaréis queridos que aquí viene la relación con el fragmento que abre el post, en esa capacidad mía de "mayor" de charlar siempre tanto ("por siete", que dice mi madre), hasta con las flores o lirios atigrados; o más que capacidad tal vez se convierte en necesidad. Veamos...
Lo que nos parece de primeras un libro de niños (como pudiera ser El Principito y muchos más por el estilo, e incluso Platero y yo) sencillamente no lo es. Porque el mensaje central de Alicia en el País de las Maravillas es algo más profundo entre conejos, sombrereros y reinas de corazones: la transición de la infancia a la madurez, aceptando el caos y el absurdo del mundo adulto. La obra invita a mantener la curiosidad, la identidad y la imaginación frente a la rigidez social, aprendiendo a tomar decisiones propias y confiar en uno mismo. Casi ná, el "cuentecito" de Carrol...
Y si esto lo acerco al mundo incierto que ven mis ojos, al mundo que está patas arriba en este justo momento, al mío, en el que reina el caos puede que yo sea en parte como alguna de las Alicia del escritor inglés: en plena adaptación, en plena búsqueda de mi camino, tal vez cuestionándome quién soy para poder seguir, y en este blog, sí, echo imaginación y curioseo en lo absurdo de muchas situaciones, convencionales o no que me van pasando en la vida. Y en estas páginas, resulta que- como dice el lirio atigrado- hablo con alguien que vale la pena hacerlo: una del mismo nombre es amiga fuerte y valiente que siempre está (algún día os la presento); la otra está afuera de todo pero es un descubrimiento para mí, es lugar seguro donde consigo eliminar prejuicios y reparos, sin necesidad de diván ni hipnosis, con la tranquilidad de poder hablar siendo yo misma, como aquella niña rubia de ojos claros... Ella es eso, la otra Alicia a lo Carrol: la que por momentos se convierte en el Gato de Cheshire: "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente" y me hace ENFOCARME y a ACEPTARME como soy porque "Aquí todos estamos locos"; o como el Sombrerero Loco que me invita a seguir aprovechando ciertos recursos propios como pintar o escribir en este mismo espacio para encontrarme: "No pierdas tu muchosidad" y VALORARME en aquello que me hace única; y ella es quien me pone en el tablero, de ajedrez o no, las herramientas que necesito ahora para PRIORIZARME y tener claro el PROPÓSITO que me guíe: "Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí" (de nuevo el Gato), sin olvidar la importancia de poner ciertos LÍMITES dentro de mi control, para conseguir caminar en PAZ, en la mía propia. Puede que penséis y con razón que todo está en mí, como al leer a Carrol que todo era un sueño de una niña de la Inglaterra victoriana, tal vez. Sin embargo, os aseguro,- queridos míos- que en este tiempo incierto, en medio de mis caos y los sinsentidos de la vida, hay martes como éste me siento un poco más segura y aliviada con ella, con mi otra Alicia.

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