Sigo varada. Mis ojos no ven más allá del lodo que me retiene en la orilla de siempre. Ni siquiera sé si respiro por la nariz o sigo muriendo por la boca. Puede que haya días y días, mejores y peores, - eso dicen y eso me digo-, pero lo cierto y verdad es que cada día que pasa, me pesa más para salir a flote; como si de mis articulaciones anudadas llevara unas rocas que crecen por horas, que tiran con una fuerza imparable para ningún arrecife, coral o alga que se precie: mi cuerpo sigue la inercia directa hacia lo desconocido y profundo, a lo más caótico y negro de este mi mar incierto.
