viernes, 1 de mayo de 2026

Cumplir años no siempre sienta bien

Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43. 

Si cada año, el dos de mayo (o sea, mañana mismo, día patrio y goyesco donde los haya y en el que nació la que escribe...casi ná),  me zozobra el ánimo,- por sentimientos encontrados por querer celebrar pero no nada especial , o sí,  pero sin sorpresas sin dejar nada a la improvisación;  por la autoexigencia mía enfermiza de tenerlo todo controladito y nada tengo; por la nostalgia que me corroe y el tempus fugit que me persigue y, qué queréis que os diga,  muchas cosas  más que sabéis los que me leéis-, ahora justo en este momento, - en el peor de mi vida hasta ahora- en el de los 43 que me acechan, no es que me siente mal  el numerito es que estoy llena de "tremendismo": acompañando a lo triste y lo sola que me siento. Supongo que no hay peor cosa, o así lo veo yo que cumplir años con el mundo, el mío, más patas arriba que nunca, a sabiendas que ya nada es igual. 

Cumplir años no siempre sienta bien. Y yo mañana cumplo 43. 

Que sí, que hay que celebrar no los años sino la vida que vivimos, que disfrutamos y sentimos, Que sí, que seguro que no es para tanto y tengo gente alrededor que está deseando brindar conmigo 43 veces si hace falta (recalquemos el "brindar" = pa' a eso todo el mundo está). Que sí, venga, que una vuelta al sol es una nueva oportunidad para ser feliz y soñar...   Pero que no, que me enervan esos topicazos de los días de cumple, que me volvería mínimo a los 42 con tal de no estar en este justo momento y sentirme como me siento, aunque claro no era consciente de lo importante. No es que fuera el mejor de lo años pero sí supera a este en lo poco positivo que hubiera. O a los 40, - antes de septiembre, claro, donde empezó todo, hasta este blog- un año crucial pensaba lleno de sueños y proyectos, ávida por cumplir y que, ya sabéis, quedaron en nada, en agua de borrajas como suele decirse, en el tintero o en el cajón olvidados. 

Sí ya sé que estáis pensando: que soy una contradicción en estado puro (que sí, estoy echarcoño). Pues supongo que es lo que conlleva cumplir 43 en estos meses de locura y en los que la vida nos ha cambiado demasiado, justo el último de esta década en que aún podemos darle le vuelta y sonreír, antes del abismo del capicúo y de suma sin retorno. Que sí, que toca adaptarse, que no hay otra (maldita frase), pero qué queréis que os diga: mañana cumplo 43, quiero que sea un día normal, como otro cualquiera, sin grandes celebraciones ni brindis falsos, sin decepciones que se sumen, ni escuchar palabras  o miradas que me hieran. Quiero cumplir 43, y quiero seguir sumando contradicciones: quiero dormir y poder volver a soñar, quiero estar aquí y allí, pero estar, amando y amándome, sin echar ni echarme de menos; pero también quiero perderme y no volver adonde realmente no soy feliz ni con quien no aporta,  sepa o no la parada del autobús del numerito; y yo lo que quiero corazón cobarde, es que mueras por mí, que diría Sabina... Lo que yo quiero es poder sentir que todo está bien en el sentido amplio del adverbio. 

Cumplir años no siempre sienta bien, yo mañana cumplo 43. Y no, todo no está bien. 

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