martes, 25 de noviembre de 2025

Tempus fugit


Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum captivcircumvectamur amore”.
VIRGILIO, Geórgicas, III, 284-285

(“Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles)



Tempus fugit. Hace unas semanas, elegí conscientemente varios poemas que bien podría valer de post aquí en mi mundo incierto, entre el caos y el Tempus Fugit. Precisamente un poema titulado con esas palabras en latín en mi intervención en el Otoño Poético en Nerva no podía faltar, de hecho nunca falta entre lo que escribo (hasta en las dedicatorias a mano de mi Mirada Azul en todo aquello lo que nos une, en "nuestro propio tiempo"). Porque es mucho más que un tópico literario, porque no es más que esa obsesión que nos persigue a  los hombres y las mujeres justamente desde que lo somos, desde tiempos ancestrales, desde que pensamos y nos percatamos de la valía del tiempo, el nuestro, el de nuestra existencia. Se nos escapa, decía en alguno de sus versos. Y tanto... Supongo que cuando  vamos creciendo, más conscientes somos de que se nos va la vida.

Mi infancia son recuerdos de mi tata (...) También en el Otoño, desempolvé el poema de mi tata, ("Regina") de la imagen de su patio con ese aire machadiano; desempolvé a esa niña que sigue ahí mirando a esa puerta como si fuera la suya cuando llego a casa, a sabiendas de que ni existe ya el patio y hasta ha cambiado de dueños la vivienda, a sabiendas de que ella se llevó un trozo preciado de mi infancia cuando miraba a las estrellas creyendo ver almas brillando en ellas. 

Una siempre vuelve adonde fue feliz... Y con quien lo fue, pero qué pasa cuando ya apenas queda nadie en ese lugar, me planteo. Cuando cumplí cuarenta en el típico- tópico encuentro de "quintas" fue una de las primeras veces en que caí en la cuenta de esta idea y hasta lo comentamos en la sobremesa. Porque a veces en aquel lugar ya faltan demasiadas personas con las que te has criado o han sido parte de tu aquellos días aunque fuera de lejos o sin pensarlo porque ni siquiera eran de tu entorno más cercano pero que estaban en las pequeñas cosas que te rodeaban: padres, abuelos o familiares de las niñas o niños con quien jugabas por las tardes o en el patio del colegio;  rostros que llevas asociados a esas niñas y niños  siempre,  y que ya mujeres y hombres  cuarentones  como yo tienen de por vida esa ausencia irremplazable. Y justo ahí, en ese momento, caes en la cuenta de que nos hacemos mayores y es inevitable volver al comienzo, al maldito tempus fugit de nuevo. 

(...) y de la vida que se agota,
y se muere
                    a destiempo.

Y más triste resulta evidentemente cuando se te va alguien cercano, no importa la edad de su partida, porque siempre nos parece a destiempo, porque es de esos que no me faltaban en ninguna imagen de niña, de los que siempre estaban en las llamadas "BBC", en cada reunión familiar, que no faltaba tampoco o me llamaba en cada evento poético o no que yo misma protagonizaba, mirándome siempre como tío orgulloso de tener mi mejor cuadro, -suyo siempre-, colgado en un sitio privilegiado de su salón en Riotinto. 

Que sí, ya lo comprendo
                                         - tan joven ya no soy-, 
que se va delante de nuestros ojos
sin remedio, - así tan en serio- (...)

Y nosotros, de mientras, pues eso, en nuestro caos y nuestro tiempo incierto, perdiendo la vida  y el propio tiempo en cosas anodinas, preocupándonos sin ocuparnos apenas,  en  enfados y orgullos  tontos, en absurdos golpes de pecho, en el "y tú más"... y esperando que llegue alguien que nos salve, que llegue el momento justo para esto o para aquello.. ¿el momento de qué? Claro que llegará, tal vez sin esperarlo siquiera y sin oportunidad de recular o atrasar el minutero,  y ahí, -queridos y queridas mías-,  posiblemente ya sea tarde para casi todo lo que pensamos y no hacemos. 

Por eso debería estar prohibido hacerse mayor, claro,  pero sobre todo  no se deberían cumplir años sin vivirlos, sin disfrutarlos con los nuestros,  sin valorar que la vida es una, que es un ahora que se nos escapa y nos mata así, poco a poco, y sin pedirnos permiso. 


 

El poder del abrazo

"Dice la tradición que cuando abrazamos a alguien ganamos un día de vida" . Pablo Coehlo  Nacer, vivir y morir solos. Es nuestro ...