viernes, 12 de diciembre de 2025

El poder del abrazo



"Dice la tradición que cuando abrazamos a alguien ganamos un día de vida". Pablo Coehlo 


Nacer, vivir y morir solos. Es nuestro sino por más que "romanticemos" nuestra existencia, la edulcoremos cuando nos convenga o nos pongamos vendas más o menos opacas en nuestros ojos.  Lo cierto es que desde las primeras luces, en ese primer arropo al salir a la vida, sentimos el calor del primer abrazo, más allá de los ropajes con el que nos cubran. Evidentemente, no lo recordamos siquiera pero estoy segura de que se nos ha quedado impregnado en la memoria de lo sentidos, ahí  indeleble y de manera casi innata,. Y es por ese instante por lo que a lo largo  de los años vamos buscando ese "ganar vida" de Coelho aunque por momentos nos parezca que somos un Mario Bros venido a menos con pocas monedas hacía las que saltar, muchas tuberías enredadas que arreglar y demasiada torpeza para evitar caer al vacío. 

Es nuestro sino, y sí, lo sé, también hay otros abrazos insulsos, muchos de "bienqueda", demasiados; son los que duran menos de un chasquido de dedos, que se evaporan casi al tiempo que se rozan los cuerpos, que se sienten lejos por más que se aprieten los brazos. Son esos, los que no nos sirven de mucho, sólo para ese darse cuenta necesario, para ese vivir con los ojos abiertos sabiendo quién es quien en ese simple gesto del abrazo. Pero estos son más fáciles de obviar para seguir viviendo, y  no, aquí no puedo ni quiero evitar "romantizar", porque vivimos buscando sencillamente los otros: esos abrazos adonde quedarnos a vivir: 

En los abrazos que sanan, que te contagian de energía y fuerza para seguir, con la intensidad justa y necesaria para el momento. 

O en esos  abrazos espontáneos y duraderos, que parten del silencio y la escucha atenta, de la empatía que emana del amor sincero  y la amistad de verdad, que nada esperan y todo dan, esas que poco se entienden hoy. 

En aquellos abrazos que no miran el reloj y se revuelcan en la arena que cae,  donde se para el tiempo en el sentir de los cuerpos

Y en esos abrazos que salen de los ojos brillosos, del mirar por dentro, y del llorar ahí, con ese consuelo que no se pide y sencillamente se da, donde nadie duerme y donde el amor deambula imsomne. 

Nacemos, vivimos y morimos solos. Es  nuestro sino, por más que "romanticemos" la existencia para que con uno de estos abrazos, sea el que sea, nos haga la vida más llevadera. 


martes, 25 de noviembre de 2025

Tempus fugit


Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum captivcircumvectamur amore”.
VIRGILIO, Geórgicas, III, 284-285

(“Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles)



Tempus fugit. Hace unas semanas, elegí conscientemente varios poemas que bien podría valer de post aquí en mi mundo incierto, entre el caos y el Tempus Fugit. Precisamente un poema titulado con esas palabras en latín en mi intervención en el Otoño Poético en Nerva no podía faltar, de hecho nunca falta entre lo que escribo (hasta en las dedicatorias a mano de mi Mirada Azul en todo aquello lo que nos une, en "nuestro propio tiempo"). Porque es mucho más que un tópico literario, porque no es más que esa obsesión que nos persigue a  los hombres y las mujeres justamente desde que lo somos, desde tiempos ancestrales, desde que pensamos y nos percatamos de la valía del tiempo, el nuestro, el de nuestra existencia. Se nos escapa, decía en alguno de sus versos. Y tanto... Supongo que cuando  vamos creciendo, más conscientes somos de que se nos va la vida.

Mi infancia son recuerdos de mi tata (...) También en el Otoño, desempolvé el poema de mi tata, ("Regina") de la imagen de su patio con ese aire machadiano; desempolvé a esa niña que sigue ahí mirando a esa puerta como si fuera la suya cuando llego a casa, a sabiendas de que ni existe ya el patio y hasta ha cambiado de dueños la vivienda, a sabiendas de que ella se llevó un trozo preciado de mi infancia cuando miraba a las estrellas creyendo ver almas brillando en ellas. 

Una siempre vuelve adonde fue feliz... Y con quien lo fue, pero qué pasa cuando ya apenas queda nadie en ese lugar, me planteo. Cuando cumplí cuarenta en el típico- tópico encuentro de "quintas" fue una de las primeras veces en que caí en la cuenta de esta idea y hasta lo comentamos en la sobremesa. Porque a veces en aquel lugar ya faltan demasiadas personas con las que te has criado o han sido parte de tu aquellos días aunque fuera de lejos o sin pensarlo porque ni siquiera eran de tu entorno más cercano pero que estaban en las pequeñas cosas que te rodeaban: padres, abuelos o familiares de las niñas o niños con quien jugabas por las tardes o en el patio del colegio;  rostros que llevas asociados a esas niñas y niños  siempre,  y que ya mujeres y hombres  cuarentones  como yo tienen de por vida esa ausencia irremplazable. Y justo ahí, en ese momento, caes en la cuenta de que nos hacemos mayores y es inevitable volver al comienzo, al maldito tempus fugit de nuevo. 

(...) y de la vida que se agota,
y se muere
                    a destiempo.

Y más triste resulta evidentemente cuando se te va alguien cercano, no importa la edad de su partida, porque siempre nos parece a destiempo, porque es de esos que no me faltaban en ninguna imagen de niña, de los que siempre estaban en las llamadas "BBC", en cada reunión familiar, que no faltaba tampoco o me llamaba en cada evento poético o no que yo misma protagonizaba, mirándome siempre como tío orgulloso de tener mi mejor cuadro, -suyo siempre-, colgado en un sitio privilegiado de su salón en Riotinto. 

Que sí, ya lo comprendo
                                         - tan joven ya no soy-, 
que se va delante de nuestros ojos
sin remedio, - así tan en serio- (...)

Y nosotros, de mientras, pues eso, en nuestro caos y nuestro tiempo incierto, perdiendo la vida  y el propio tiempo en cosas anodinas, preocupándonos sin ocuparnos apenas,  en  enfados y orgullos  tontos, en absurdos golpes de pecho, en el "y tú más"... y esperando que llegue alguien que nos salve, que llegue el momento justo para esto o para aquello.. ¿el momento de qué? Claro que llegará, tal vez sin esperarlo siquiera y sin oportunidad de recular o atrasar el minutero,  y ahí, -queridos y queridas mías-,  posiblemente ya sea tarde para casi todo lo que pensamos y no hacemos. 

Por eso debería estar prohibido hacerse mayor, claro,  pero sobre todo  no se deberían cumplir años sin vivirlos, sin disfrutarlos con los nuestros,  sin valorar que la vida es una, que es un ahora que se nos escapa y nos mata así, poco a poco, y sin pedirnos permiso. 


 

martes, 7 de octubre de 2025

Discard

B&B



Descartar: (de des y carta) 1. Excluir o eliminar a alguien o algo. 2. Rechazar, no admitir algo. 3. En ciertos juegos, dejar las cartas que se tienen en la mano y se consideran inútiles, sustituyéndolas con otras tantas de las que no se han repartido. 4.Dicho de una persona: Excusarse de hacer algo.


"Descartada". Últimamente es una de las palabras que más me encuentro, y me sirven todas y cada una de las acepciones de la RAE en más de uno, y más de dos ámbitos de mi alrededor. . 

Descartada la oportunidad . Recalo cada mañana en portales de empleo y es la respuesta estrella. ¿Preparada? Claro, no voy a venirme a menos: la mitad de mi vida estudiando (por no decir toda, a "full" estos dos últimos años y ahora con mil cursos entre mano), años de experiencia trabajando en un sector, acotado (mucho, demasiado) pero implicada, dejándome la piel y el sueño que aún no recupero. Y ahí sigo, como tantas y tantas, excluida, eliminada de procesos de selección, dejando mis cartas en el cajón y considerándome eso, inútil, para ya cualquier otro sector en lo que no tengo experiencia claro y en la que simplemente descartan la oportunidad. 

Descartada la posibilidad. Las previsiones no son buenas, al menos de momento, de que nuestro futuro más inmediato sea algo más fácil que el presente, y que estos dos malditos años. Excluida la posibilidad de no adaptarse, toca estar en pie y seguir con lo que venga. Rechazada la posibilidad de rendirme y excusarme de hacer algo. Sí, a qué precio- me pregunto a veces y en las noches que el sueño no hace presencia. El destino nos dirá como aviarnos. 

Descartada la  expectativa. Evidentemente no soy perfecta, eso vaya por delante y a la vista está, pongo todas las cartas en la mesa siempre para quien la necesite para seguir jugando. Pero  tampoco vivo en la sopa boba a la espera de que todos juguemos la misma mano o se quiera seguir con la partida por el solo hecho de compartir ese tiempo y esa vida o queramos desplumarnos unos a otros. Descartada esa idea, será el destino  de nuevo el que haga también de las suyas descartando jugadores, por más excusas que pongamos y por más que siga en mi empeño de seguir jugando, sin excluir ni un momento la ñoña idea de sentirme sola en cualquier timba. 

Lo dicho, y como la viñeta: que en este ahora no se elige, que ahora SE DESCARTA... Y así vamos... 

martes, 23 de septiembre de 2025

De puntos, asteriscos y tildes

Era una de esas frases típica- tópica que, de broma o no tanto, solíamos escuchar y decir durante los años de instituto, - o al menos a mí me recuerda justo a entonces. En aquellos maravillosos años, los más venerados al paso del tiempo, todos alguna vez nos sentíamos así: "como asteriscos en fiestas de puntos". O viceversa. Eso sí, no importaba demasiado si lo éramos bailando a lo loco o dando tumbos en el pasillo sin conseguir llegar a la pista...

Supongo que hay veces en la vida que toca sentirse así por más años que pasen, tan desorientada como un asterisco o un triste punto que no acierta ni con las tildes. Porque la vida viene y bah, -como la peli-, y  a veces una no sabe para dónde tirar. Ni si quiera diría yo que hay aquellos crossroads, mis cruces de caminos de los que hablaba años atrás y mucho menos hay  baldosas amarillas ni magos; más bien lo que sí existe es un punto recurrente al que te parece volver una y otra vez por más que pruebe a alejarme o luche por llegar a otros más llevaderos y con más aire. Porque claro, en el camino una no va sola, o en realidad sí y lo sé, pero la mochila está llena de miedos, muchos - y de ciertos complejos por qué no- , pese a los caparazones absurdos, pese a que me sacuda mil veces los zapatos, porque hay piedras que se cuelan y difícilmente dejan de clavarse en mis dedos. Y entre tantos vienes y bah, hay veces en las que llega algo de luz, o eso creemos: autoespejismos del tipo "algo bueno hay para mí" o "siempre habrá alguien ahí a mi lado"... 

Pero no me engaño: esto de vivir, como el poema, "va en serio" y por si la cosa va de versos añado "Vive, joder, vive"... y mientras que "bah" y que viene, sí, sigo luchando, por mí y "por todos mis compañeros", por volver a sentirme en pie, profesional, valorada, con fuerza, para cuidar y amar, para seguir poniendo yo mi acento donde quiera, sin olvidarme caro las malditas tildes como puñal de oposición clavadito... Pero es inevitable, la incertidumbre y los tiempos que no son los míos pero que afectan al mío que "fugit" sin darme cuenta. 

Que sí, que en este aquí y este ahora, y por lo que viene y nos acecha: es inevitable sentirme así, como un asterisco en una fiesta de puntos.  


domingo, 23 de febrero de 2025

No me da la vida


No. No me da la vida.

Los 43 se me acercan sigilosamente, pero no me dan. Estoy llegando al punto álgido del agobio paralizante, o mínimo a la primera parada de ese sentimiento tan mío y tan habitual en las oposiciones,  en la sensación de que con tantos frentes abiertos no se sabe una para dónde tirar: temas, prácticas, programación, situaciones... Y a eso le sumamos claro, lo más mundano que tengo que sacar para adelante en mi día a día...

Siempre he necesitado días de 25 horas mínimo para escribir, pintar, vivir... ahora creo que de existir esos días "ampliados" no me darían tampoco. 

Que no, que no me da la vida, que el tempus fugit, esto es un ubi sunt y todos los tópicos literarios que podamos encontrar y por los que me entra mil dudas sobre mí y el universo que me rodea. Ergo existo,  pienso y siento, y vivo así sin vivir en mi.... 

Dentro de mi alma fue de mí engendrado... que sí, sr Garcilaso, ahí dentro de mí, escrito está en alma: tengo miedo. 

viernes, 7 de febrero de 2025

Todo sigue igual

He aprendido poco, me temo. Y he escrito menos, lo siento. 

Tras la actuación de aquella neurona moribunda en junio del 24 y un aplauso comedido del público- tribunal, acabé a fondo perdido en una bolsa de miles de ellas dando tumbos hasta la fecha. Seguimos a la espera en lo incierto, con junio25 en la mirá, pero todo sigue igual, que diría Julio. Y mal... 

He de reconocer que no es del todo cierto esa afirmación y que al menos hasta este justo momento, he contado con más motivación, más ganas, más ilusión. Mucho me ha ayudado... no me engaño: Yo misma mente y la fuerza que sé que tengo y puedo (bueno y  mi Henry y sus clases en las que tanto estoy aprendiendo...) .

Pero qué le vamos a hacer, tras un largo enero, ya estamos en febrero, el mes loco dicen, y yo voy perdiendo fuelle, o al menos me lo parece. En eso, lo reconozco, me ha ayudado bastante estar pendiente del sube y baja bursátil (no el de Wall Street, claro) y al tanto de ciertos grupos de whatsapp de interinos que desaniman a cualquiera que pase por allí cinco minutos...  

Tampoco es que  ayude la llamada soledad de la opositora, que no es un meme y claro que existe (como madre, casi cuarentaydosañera y periodista en paro también); pero tú y yo, lo sabemos: hay soledades peores. Sí, esas soledades que por un momento quiero pensar que no son reales y son fruto del cansancio de la moribunda o qué se yo; sin embargo no tengo evidencias últimamente de otra cosa, y para quien me conozca de verdad y me sepa leer entre líneas  (quizás alguien de Marte en la sala?) sabrá de lo que hablo y lo que siento estos días: que no me gustan los cambios y parece que vienen gordos, que de  vez en cuando me quito la venda por el exceso de happyflowers de mi nariz, que de to se cansa una y yo caigo del guindo alguna vez que otra decepción... Sabrá ese instruido marciano o marciana  todo eso y que realmente no me dura demasiado todo esto y pronto vuelva a las andadas, afortunadamente, supongo. Y lo sabrá como que el café a mí me gusta en taza, - sí es una manía tonta como todas- lo mismo la de que me valoren de verdad y no me lo pongan en el último vaso de cristal que tienen en la vitrina. 

Claro que, aquí, en Marte o en el espacio sideral de más allá no hay más ciego que el que no quiere ver ni leer y menos si vive con los ojos pegados al centro de su ombligo. O, en mi caso -que también puede ser-, al  mío. 

jueves, 23 de mayo de 2024

72 temas y una neurona moribunda


A menos ya de una treintena de días vista... No tengo mucho o nada  que decir, y menos de escribir. Sí, ya véis, amigos, aquí ando, en clave teatral, en quién me ha visto y quien me ve,- ya véís-  y  ni sombra de lo que era. 
Es en estos días cuando entiendo lo de círculo vicioso, concéntrico o no, - desconcentrado más bien-. que es donde continúo, en esta tragicomedia sombría shakeasperiana en la que actúo (y sigo repasando). Sigo pues subida en una montaña rusa más alta cada día y más profunda a la vez de la que no sé como bajarme, o en su caso: tirarme. . 
Sí, sobre la mesa, los papeles dispersos a la espera de ser representados por mí y solo por mí,  (dramatis personae en un tiempo dentro de otro y que yo no controlo) con mi capa - rota aunque disimulada- de mujer heroína y con fuerza a lo Tirso o a lo dramático a lo lorquiano.

En la mesa, lo dicho: aguardan 72 temas y una neurona moribunda.  

El poder del abrazo

"Dice la tradición que cuando abrazamos a alguien ganamos un día de vida" . Pablo Coehlo  Nacer, vivir y morir solos. Es nuestro ...